Respuesta breve
No. Los Upanishads apuntan en sentido contrario. La mayoría de los hindúes tienen estas escrituras por reveladas. El Svetasvatara dice de Dios (﷾): “No hay imagen de él”, y “Su forma no puede verse”. El Kena dice cinco veces que Brahman, el Ser Supremo, es “no esto que la gente adora aquí”. Muchos hindúes responden que una murti (una imagen sagrada) es solo un símbolo a través del cual se adora a Dios (﷾). Pero sus propios grandes maestros dictaminaron sobre la adoración a través de un símbolo. Ramanuja escribió que entonces se medita solo en el símbolo, no en Brahman. Shankara escribió que la meditación “no está fija en Brahman”. El Corán dice que nada es semejante a Dios (﷾) y que ninguna visión puede abarcarle. Y, sin embargo, Él está cerca y oye a quien Le invoca. Por eso el islam pide a todos que adoren directamente al Uno invisible, sin ninguna imagen.
Explicación completa
Los Upanishads: ninguna imagen de Dios (﷾)
El Svetasvatara es un Upanishad. Pertenece a la shruti, el estrato de la escritura que los hindúes tienen por revelado. De Dios (﷾) dice: “No hay imagen de él” (na tasya pratima asti). El versículo siguiente dice: “Su forma no puede verse; nadie lo percibe con el ojo”. La palabra pratima puede significar imagen o semejanza. Max Müller, un estudioso del siglo XIX, traduce “imagen”. R. E. Hume, un estudioso de principios del siglo XX, traduce “No hay semejanza de Él”. La misma media línea figura en el Yajur Veda, uno de los cuatro Vedas, las principales escrituras hindúes. Allí el traductor Ralph Griffith lo traduce “No hay igual a él”. El argumento se sostiene con cualquiera de estas traducciones. Una estatua es una semejanza hecha para ser vista. Estos versículos dicen que Dios (﷾) no tiene semejanza y que ningún ojo ve Su forma. El Katha Upanishad repite esa segunda línea: “Su forma no ha de verse. Nadie puede verlo con el ojo”. El Svetasvatara dice también que “no se ve a nadie semejante a él”.
“Nadie lo ha abarcado por arriba, ni de través, ni en medio. No hay imagen de él, cuyo nombre es Gran Gloria. Su forma no puede verse; nadie lo percibe con el ojo. Quienes por el corazón y la mente lo conocen así, morando en el corazón, se vuelven inmortales.”
“Ni por arriba, ni de través, ni en medio lo ha abarcado nadie. No hay semejanza de Él, cuyo nombre es Gran Gloria (mahad yaśas).”
“No hay igual a él, cuya gloria en verdad es grande.”
“Su forma no ha de verse. Nadie puede verlo con el ojo. Se le percibe por el corazón, por el intelecto y por la mente. Quienes saben esto se vuelven inmortales.”
“No se le conoce efecto ni causa; no se ve a nadie semejante a él ni mejor; su alto poder se revela como múltiple, como inherente, actuando como fuerza y conocimiento.”
“No esto que la gente adora aquí”
El Kena Upanishad está en este sitio en la traducción de Swami Paramananda, un monje hindú. Dice que Brahman, el Ser Supremo, no es algo que el habla pueda iluminar, que la mente pueda pensar o que el ojo pueda ver. Es aquello por lo cual funcionan el habla, la mente y el ojo. Cinco veces termina con las mismas palabras: “no esto que la gente adora aquí”. Según las propias palabras del Upanishad, lo que la gente adora aquí no es Brahman. Shankara, un maestro hindú de hacia el siglo VIII, lee “esto” de forma todavía más amplia. Significa todo lo que se adora como distinto del propio Yo, incluso el Señor. Entonces abarca con mayor razón una imagen. El mismo Upanishad dice que a Brahman “se le ha de adorar con el nombre de Tadvanam”: con un nombre, no con una imagen.
“Aquello que el habla no ilumina, sino que ilumina el habla: sabe que solo eso es el Brahman (el Ser Supremo), no esto que la gente adora aquí. Aquello que no puede ser pensado por la mente, pero por lo cual, dicen, la mente es capaz de pensar: sabe que solo eso es el Brahman, no esto que la gente adora aquí. Aquello que no es visto por el ojo, pero por lo cual el ojo es capaz de ver: sabe que solo eso es el Brahman, no esto que la gente adora aquí. Aquello que no puede ser oído por el oído, pero por lo cual el oído es capaz de oír: sabe que solo eso es Brahman, no esto que la gente adora aquí. Aquello que nadie respira con el aliento, pero por lo cual el aliento es inspirado: sabe que solo eso es el Brahman, no esto que la gente adora aquí.”
“Sin tener en cuenta estos, sabe que el Atman mismo es el Brahman incondicionado. Este es el sentido. Brahman no es lo que la gente adora aquí, como Iswara, que no es el Atman, y que está condicionado y al que se alude como “esto”.”
“Ese Brahman se llama Tadvanam (objeto de adoración). Se le ha de adorar con el nombre de Tadvanam. Quien conoce así a Brahman es amado por todos los seres.”
Lo que responden los hindúes: Dios (﷾) adorado en una imagen
Los hindúes que adoran a Dios (﷾) en una murti dan dos respuestas. La primera es que la imagen es un símbolo. Swami Vivekananda, un monje hindú del siglo XIX, dijo al Parlamento de las Religiones en 1893 que no podemos pensar sin una imagen mental. Por eso el hindú usa una para mantener la mente fija en el Ser a quien reza, y sabe que la imagen no es Dios. En su libro Bhakti-Yoga (1896) enseñó que al Brahman omnipresente se le puede adorar a través de un símbolo. Esa adoración, escribió, es “absolutamente necesaria para toda la humanidad” hasta que las personas superan la primera etapa. Una imagen que representa al Dios (﷾) único, sostenía, trae devoción y liberación. La segunda respuesta es que Dios mismo está presente en la imagen. Los sri vaishnavas enseñan esto. Son los seguidores de Ramanuja, un maestro hindú de hacia los siglos XI y XII. Un manual de su escuela, el Yatindramatadipika, habla de las imágenes consagradas en los templos. En ellas, dice, el cuerpo espiritual de Dios (﷾) “se encarna (en las Imágenes) tras el proceso vivificador (Prāṇa-pratishṭhā)”. Dice que Él desciende a cualquier materia que Su adorador escoja con amor, incluidas las imágenes hechas por el hombre, y acepta el baño, el alimento y el descanso. Ramanuja sostiene la autoridad del Pancharatra, una escritura vaishnava. Enseña que Dios (﷾) toma formas corporales por ternura hacia Sus devotos. Incluso Shankara dijo que Brahman está cerca del adorador “así como Vishnu está cerca de nosotros en la piedra Sâlagrâma”.
“Hermanos míos, no podemos pensar en nada sin una imagen mental, como tampoco podemos vivir sin respirar. Por la ley de la asociación, la imagen material evoca la idea mental, y viceversa. Por eso el hindú usa un símbolo externo cuando adora. Les dirá que le ayuda a mantener la mente fija en el Ser a quien reza. Sabe tan bien como ustedes que la imagen no es Dios, no es omnipresente.”
“Pero donde el objeto de adoración es el propio Brahman, y el Pratîkâ hace solo de sustituto o de sugerencia de Él, es decir, donde a través del Pratîkâ se adora al Brahman omnipresente —idealizado el Pratîkâ mismo como la causa de todo, el Brahman—, la adoración es positivamente beneficiosa; más aún, es absolutamente necesaria para toda la humanidad, hasta que todos hayan dejado atrás el estado primario o preparatorio de la mente en lo que respecta a la adoración.”
“Las mismas ideas se aplican a la adoración de las Pratimâs que a la de los Pratîkâs; es decir, si la imagen representa a un dios o a un santo, la adoración no es fruto de la Bhakti y no conduce a la liberación; pero si representa al Dios único, su adoración traerá tanto la Bhakti como la Mukti.”
“En el caso del Arcâ'vatāra (o Imágenes consagradas en los Templos), el cuerpo espiritual, por la gracia de Dios obtenida mediante la propiciación, se encarna (en las Imágenes) tras el proceso vivificador (Prāṇa-pratishṭhā).”
“La Encarnación-Imagen es la especie de Formas presentadas (para la adoración) en hogares, aldeas, ciudades, colinas escogidas, etc., libres de las distancias interpuestas por el espacio y el tiempo; que se digna descender con Su Persona inmaterial (es decir, espiritual) a cualquier sustancia material que el devoto escoja con amor; que se presta a la dulce voluntad de Su adorador en todos los detalles (de la adoración, tales como) el baño, el alimento, el lugar y el descanso; ¡el que todo lo perdona; el Dios autosuficiente en todo! Existen cuatro variedades de este (aspecto), a saber: la Automanifestada (Svayam-Vyakta), la Sobrehumana o Celestial (Daiva), la Hecha por santos (Saiddha) y la Hecha por el hombre (Mānusha).”
“Saṅkarshana, Pradyumna y Aniruddha son, pues, meras formas corporales que el Brahman supremo asume voluntariamente. La Escritura ya declara: “Sin nacer, él nace de muchas maneras”, y es este nacimiento —que consiste en la asunción voluntaria de una forma corporal, debida a la ternura hacia sus devotos— lo que enseña el sistema Bhâgavata; por eso no hay ninguna objeción válida contra la autoridad de ese sistema.”
“O bien (tomando brahmapura en el sentido de gîvapura) podemos entender que el pasaje enseña que Brahman está, en la ciudad del alma individual, cerca (del devoto adorador), así como Vishnu está cerca de nosotros en la piedra Sâlagrâma.”
Esos mismos libros hablan también de la forma y el rostro de Dios (﷾)
El mismo Upanishad le pide a Rudra, su nombre para Dios (﷾): “míranos con esa tu forma más bendita”. Ruega: “que tu rostro benévolo me proteja para siempre”. Dice que el Yo es el fuego, el sol, el viento y la luna. En el Yajur Veda, a “No hay igual a él” le sigue un versículo que dice que mora “nacido antaño, en el seno”. El sánscrito es purvo ha jatah, sa u garbhe antah. Los hindúes que defienden el culto a las imágenes señalan líneas como estas. Pero una forma que ningún ojo de este mundo puede ver no puede tallarse ni pintarse. Un rostro al que se pide protección en la oración no es un rostro modelado por un escultor. También el Corán habla del “Rostro de tu Señor”, y de las manos con las que Dios (﷾) creó a Adán. Los afirma sin asemejarlos a nada, porque “no hay absolutamente nada semejante a Él”. Dice: “No inventéis semejanzas para Allah”. Nunca llama a Dios (﷾) sol ni luna: “No os postréis ante el sol ni ante la luna, sino postraos ante Allah, que los creó”. De un Dios que nace, dice: “no engendra ni ha sido engendrado”. Junto a sus líneas de unicidad pura, los libros hindúes dicen también que el Yo es el sol. Dicen además que mora “nacido antaño, en el seno”. El Corán conserva las líneas de unicidad pura y no tiene nada que las contradiga.
“¡Oh Rudra, tú que moras en las montañas, míranos con esa tu forma más bendita, que es propicia, no terrible, y no revela mal alguno!”
““Tú eres no nacido”: con estas palabras alguien se acerca a ti, temblando. ¡Oh Rudra, que tu rostro benévolo me proteja para siempre!”
“Ese (Yo) es en verdad Agni (fuego), es Âditya (sol), es Vâyu (viento), es Kandramas (luna); lo mismo es también el firmamento estrellado, es Brahman (Hiranyagarbha), es el agua, es Pragâpati (Virâg).”
“No hay igual a él, cuya gloria en verdad es grande.”
“Este mismo Dios penetra todas las regiones; sí, nacido antaño, en el seno mora. Él, en verdad, nacido y por nacer en lo sucesivo, se encuentra con su descendencia, mirando hacia todas las direcciones.”
“Nadie lo ha abarcado por arriba, ni de través, ni en medio. No hay imagen de él, cuyo nombre es Gran Gloria. Su forma no puede verse; nadie lo percibe con el ojo. Quienes por el corazón y la mente lo conocen así, morando en el corazón, se vuelven inmortales.”
“Todo lo que hay sobre la tierra perecerá: pero permanecerá (para siempre) el Rostro de tu Señor, lleno de Majestad, Generosidad y Honor.”
“(Allah) dijo: “¡Oh Iblís! ¿Qué te impide postrarte ante aquel a quien he creado con Mis manos? ¿Eres altivo? ¿O eres de los altos (y poderosos)?””
“(Él es) el Creador de los cielos y de la tierra: os ha hecho parejas de entre vosotros mismos, y parejas entre el ganado: por este medio os multiplica: no hay absolutamente nada semejante a Él, y Él es el que oye y ve (todas las cosas).”
“No inventéis semejanzas para Allah: pues Allah sabe, y vosotros no sabéis.”
“Entre Sus signos están la Noche y el Día, y el Sol y la Luna. No os postréis ante el sol ni ante la luna, sino postraos ante Allah, que los creó, si es a Él a quien queréis servir.”
“Di: Él es Allah, el Uno y Único; Allah, el Eterno, el Absoluto; no engendra ni ha sido engendrado; y no hay nadie semejante a Él.”
El dictamen del propio Vedanta sobre la adoración a través de un símbolo
Los Upanishads sí mandan meditar en la mente y en el éter (el espacio) como Brahman, y llaman Brahman a la sílaba Om. Muchos hindúes leen la murti del mismo modo, como un símbolo a través del cual se adora a Dios (﷾). Los Brahma Sutras son un texto breve que resume la enseñanza de los Upanishads. Todas las escuelas del Vedanta, la tradición construida sobre los Upanishads, escriben un comentario sobre ellos. Los Sutras dictaminan precisamente sobre esas meditaciones en un símbolo (pratika). Ramanuja explica que en ellas se medita solo en el símbolo, no en Brahman. La idea de Brahman se superpone a algo que no es Brahman, como quien mira a un sirviente como a un príncipe. Shankara, el maestro más conocido de la escuela Advaita, coincide en que lo que se medita es el símbolo, aunque Brahman da el fruto. También se medita en Brahman, añade, en la medida en que la idea de Brahman se superpone al símbolo. Es como la idea de Vishnu superpuesta a sus imágenes. Luego los Sutras dictaminan que quienes dependen de símbolos no son conducidos adelante. Ramanuja concluye que ese devoto “no alcanza a Brahman”, y Shankara, que su meditación “no está fija en Brahman”. El propio Vivekananda escribió que las mismas ideas se aplican a las imágenes que a los símbolos. Sostenía que una imagen que representa al Dios (﷾) único trae la liberación. Pero los Sutras, tal como los leen sus dos grandes maestros, excluyen a quienes dependen de símbolos de entre los que son conducidos adelante.
“Medite el hombre en la mente como Brahman (n.); esto se dice con referencia al cuerpo. Medite el hombre en el éter como Brahman (n.); esto se dice con referencia a los Devas. Así se ha enseñado tanto la meditación que se refiere al cuerpo como la meditación que se refiere a los Devas.”
“Yama respondió: Esa meta que todos los Vedas glorifican, que todas las austeridades proclaman, por deseo de la cual (la gente) practica el Brahmacharya (una vida de continencia y servicio), esa meta te la digo brevemente: es Aum. Esta Palabra es en verdad Brahman. Esta Palabra es en verdad lo Supremo. Quien conoce esta Palabra obtiene todo lo que desea.”
“No en el símbolo; porque (el símbolo) no es aquel (es decir, el Yo del devoto).”
“Esta opinión la deja de lado el Sûtra. No se puede meditar en un pratîka como si fuera de la naturaleza del Yo; porque el pratîka no es el Yo del devoto que medita. Lo que en esas meditaciones ha de ser objeto de meditación es solo el pratîka, no Brahman: este entra en la meditación solo como cualificador de su aspecto. Porque por meditación en un pratîka entendemos una meditación en la que algo que no es Brahman es visto bajo el aspecto de Brahman; y como el pratîka —el objeto de la meditación— no es el Yo del devoto, no puede ser visto bajo esa forma. —Pero aquí también se plantea una objeción: es Brahman el verdadero objeto de la meditación; pues, allí donde Brahman puede ser visto como objeto de meditación, no es apropiado suponer como objetos cosas no conscientes de poco poder, como la mente y demás. El objeto de la meditación es, por tanto, Brahman visto bajo el aspecto de la mente y demás. —Esta objeción la resuelve el Sûtra siguiente.”
“La visión de Brahman puede superponerse apropiadamente a la mente y demás; pero no la visión de la mente y demás a Brahman. Porque Brahman es algo superior a la mente y demás, mientras que estos son inferiores a Brahman. Ver a una persona superior, por ejemplo un príncipe, como un sirviente sería rebajarla; mientras que, por otro lado, ver a un sirviente como un príncipe es enaltecerlo.”
“Frente a la observación de que en todos los casos mencionados solo Brahman ha de ser objeto de meditación para que de la meditación resulte un fruto, señalamos que, por el modo de prueba usado más arriba, inferimos que (no Brahman, sino) solo Âditya y demás han de ser objeto de meditación. Pero, como en el caso de la hospitalidad mostrada a los huéspedes, Brahman, es decir, el soberano supremo de todo, dará también el fruto de las meditaciones sobre Âditya y demás.”
“Y, después de todo, también se medita en Brahman (en los casos en discusión) en la medida en que se sobreañade a sus símbolos una contemplación de Brahman, de manera análoga a como se sobreañade a sus imágenes una contemplación de Vishnu.”
“A los que no dependen de símbolos él los conduce, así piensa Bâdarâyana; habiendo un defecto en ambos casos; y aquel cuyo pensamiento es eso.”
“En el caso de aquellos, en cambio, que se apoyan en los símbolos (en los que contemplan meditativamente a Brahman), empezando por el nombre y terminando por el prâna (“El que medita en el nombre como Brahman”, Kh. Up. VII, 1 ss.), no está probado por los textos de las dos clases antes mencionadas que la meditación conduzca a Brahman; más bien está contaminada por un elemento que no es de la naturaleza de la inteligencia, y por tanto —según el principio de que el resultado de una meditación es de la misma naturaleza que la meditación misma— el alma del devoto inferior que practica tal meditación no avanza por el camino de la luz y no alcanza a Brahman.”
“Esto significa: exceptuando a los que se apoyan en símbolos (es decir, que meditan en ciertas cosas como representación simbólica de Brahman), esa persona que no es un hombre conduce al mundo de Brahman a todos los demás que se apoyan (es decir, que meditan) en el Brahman producido; esta es la opinión del maestro Bâdarâyana. Porque al reconocer de este modo una doble relación no hay falta alguna, ya que la argumentación sobre la no restricción del ir (Sûtra III, 3, 31) puede entenderse como referida a todas las meditaciones con excepción de las que se hacen sobre símbolos. Las palabras “y la meditación en eso” enuncian la razón de esta doble relación. Porque aquel cuya meditación está fija en Brahman alcanza un señorío como el de Brahman, según la relación de la Escritura: “En cualquier forma en que mediten en él, eso llegan a ser ellos mismos”. En el caso de los símbolos, en cambio, la meditación no está fija en Brahman, siendo el símbolo el elemento principal de la meditación.”
“La palabra Pratîkâ significa ir hacia, y adorar un Pratîkâ es adorar algo que, como sustituto, es, en uno o más aspectos, cada vez más semejante al Brahman, pero no es el Brahman.”
“Las mismas ideas se aplican a la adoración de las Pratimâs que a la de los Pratîkâs; es decir, si la imagen representa a un dios o a un santo, la adoración no es fruto de la Bhakti y no conduce a la liberación; pero si representa al Dios único, su adoración traerá tanto la Bhakti como la Mukti.”
Si Dios (﷾) está presente en la imagen
Los sri vaishnavas responden que la imagen consagrada no es en absoluto un símbolo. Su manual la cuenta entre las cinco formas propias de Dios (﷾), así que los dictámenes sobre los símbolos no la alcanzan. El islam no enseña que Dios (﷾) entre en ninguna cosa hecha. El Corán dice que está “firmemente establecido en el Trono”, y sin embargo cerca de cada persona. Sabe lo que susurra el alma, y está más cerca que la vena yugular. Los Upanishads dicen que se Le percibe en el corazón. Así que no hace falta ningún rito para acercarlo. La cuestión es si Él pidió ser adorado en un objeto fabricado. Dos veces dice la shruti que Su forma no ha de verse. El propio manual enumera la adoración que se da a la imagen: baño, alimento, lugar y descanso. Lo que recibe ese servicio es lo que la gente ve, “esto que la gente adora aquí”, que según el Kena no es Brahman. Incluso Dayananda Saraswati, un reformador hindú del siglo XIX y nada amigo del islam, respondió a esta creencia. Ningún versículo de los Vedas, dijo, habla de invocar a Dios (﷾) para que entre en una imagen. Los Agamas, los manuales del culto en los templos, y los Puranas, los libros tradicionales sobre los dioses, están junto a las palabras de los Upanishads. No las eliminan. Así que la escritura hindú habla con dos voces sobre las imágenes. El Corán habla con una sola.
“La Encarnación-Imagen es la especie de Formas presentadas (para la adoración) en hogares, aldeas, ciudades, colinas escogidas, etc., libres de las distancias interpuestas por el espacio y el tiempo; que se digna descender con Su Persona inmaterial (es decir, espiritual) a cualquier sustancia material que el devoto escoja con amor; que se presta a la dulce voluntad de Su adorador en todos los detalles (de la adoración, tales como) el baño, el alimento, el lugar y el descanso; ¡el que todo lo perdona; el Dios autosuficiente en todo! Existen cuatro variedades de este (aspecto), a saber: la Automanifestada (Svayam-Vyakta), la Sobrehumana o Celestial (Daiva), la Hecha por santos (Saiddha) y la Hecha por el hombre (Mānusha).”
“Su forma no ha de verse. Nadie puede verlo con el ojo. Se le percibe por el corazón, por el intelecto y por la mente. Quienes saben esto se vuelven inmortales.”
“Nadie lo ha abarcado por arriba, ni de través, ni en medio. No hay imagen de él, cuyo nombre es Gran Gloria. Su forma no puede verse; nadie lo percibe con el ojo. Quienes por el corazón y la mente lo conocen así, morando en el corazón, se vuelven inmortales.”
“Fuimos Nosotros Quienes creamos al hombre, y sabemos qué oscuras sugerencias le hace su alma: porque estamos más cerca de él que (su) vena yugular.”
“Él es Quien creó los cielos y la tierra en seis Días, y además está firmemente establecido en el Trono (de Autoridad). Él sabe lo que penetra en la tierra y lo que sale de ella, lo que desciende del cielo y lo que asciende a él. Y Él está con vosotros dondequiera que estéis. Y Allah ve bien todo lo que hacéis.”
“Aquello que el habla no ilumina, sino que ilumina el habla: sabe que solo eso es el Brahman (el Ser Supremo), no esto que la gente adora aquí. Aquello que no puede ser pensado por la mente, pero por lo cual, dicen, la mente es capaz de pensar: sabe que solo eso es el Brahman, no esto que la gente adora aquí. Aquello que no es visto por el ojo, pero por lo cual el ojo es capaz de ver: sabe que solo eso es el Brahman, no esto que la gente adora aquí. Aquello que no puede ser oído por el oído, pero por lo cual el oído es capaz de oír: sabe que solo eso es Brahman, no esto que la gente adora aquí. Aquello que nadie respira con el aliento, pero por lo cual el aliento es inspirado: sabe que solo eso es el Brahman, no esto que la gente adora aquí.”
Dayananda Saraswati, fundador del Arya Samaj, sostiene en la segunda edición revisada de su Satyarth Prakash, un libro que también dedica un capítulo a atacar el Corán, que ningún versículo de los Vedas habla de invocar a Dios para que entre en una imagen, de darle vida o de adorarla; los versículos que se recitan en esos ritos, dice, proceden de los Tantras, no de los Vedas. A la idea de que un dios entra en la imagen cuando se le llama con mantras y la abandona cuando termina el rito, responde que Dios, que lo llena todo, ni viene ni se va. Interpreta el Yajur Veda 32.3 (na tasya pratima asti) y el estribillo del Kena Upanishad como una prohibición del culto a las imágenes, llama contrarios a los Vedas a los Tantras y Puranas que lo prescriben, y niega que el culto a las imágenes sea un primer paso hacia Dios.
“(Él es) el Creador de los cielos y de la tierra: os ha hecho parejas de entre vosotros mismos, y parejas entre el ganado: por este medio os multiplica: no hay absolutamente nada semejante a Él, y Él es el que oye y ve (todas las cosas).”
Reformadores hindúes que abandonaron las imágenes
Algunos hindúes han llegado a la misma conclusión. Ram Mohan Roy, un reformador hindú del siglo XIX, fundó el Brahmo Samaj en 1828, para adorar únicamente al Ser Supremo. Su escritura de fideicomiso de 1830, de la que él fue parte, vetaba en su sala toda “semejanza de cosa alguna”, y todo sacrificio u ofrenda. Roy admitía que los Vedas “toleran la idolatría” para quienes no pueden elevar su mente al Dios (﷾) invisible. Pero sostenía que instan repetidamente a abandonarla. Debendranath Tagore dirigió más tarde el Samaj. Descubrió que no podía fundar su fe ni en los Vedas ni en los Upanishads. En los Upanishads encontró “Yo soy Él” y “Tú eres eso”, y también quedó decepcionado de ellos. Dayananda Saraswati fundó el Arya Samaj. Escribió el Satyarth Prakash, un libro que también ataca el Corán. En él sostenía que ningún versículo de los Vedas habla de invocar a Dios (﷾) para que entre en una imagen, de darle vida o de adorarla. Un hindú que quiere un solo Dios (﷾) y ninguna imagen tiene que dejar de lado gran parte de su tradición. Aun así, se queda sin ninguna escritura que lo enseñe con claridad. El mismo Yajur Veda que dice “No hay igual a él” dice que mora “en el seno”. Los propios brahmos acordaron que los Vedas y los Upanishads no eran guías infalibles. El Corán enseña con claridad a adorar solo al Dios (﷾) único, desde su primer capítulo hasta los últimos. Dice que no hay absolutamente nada semejante a Él.
La introducción del editor recoge que Ram Mohan Roy fundó el Brahmo Samaj en 1828. Era una iglesia en la que solo había de adorarse al Ser Supremo. No había de adorársele bajo ningún nombre ni título que cualquier hombre o grupo dé a un ser particular.
“y que no se admitirá dentro de dichos inmuebles, edificio, terreno, tenencias, bienes heredables y locales ninguna imagen tallada, estatua ni escultura, talla, pintura, cuadro, retrato ni la semejanza de cosa alguna, y que jamás se permitirá en ellos ningún sacrificio, ofrenda ni oblación de ningún tipo ni cosa alguna”
“También resultará evidente que los Vedas, aunque toleran la idolatría como último recurso para quienes son totalmente incapaces de elevar su mente a la contemplación del Dios invisible de la naturaleza, instan sin embargo repetidamente al abandono de los ritos del culto a los ídolos y a la adopción de un sistema de religión más puro”
Debendranath Tagore dirigió más tarde el Brahmo Samaj de Ram Mohan Roy como su jefe espiritual. Escribe que había fundado la fe del Samaj en los once Upanishads que conocía. Rechazó el comentario de Shankara sobre el Vedanta, porque su conclusión contradecía la relación entre el adorador y el adorado. A esa relación la llama la esencia misma de la fe. Cuando encontró “Yo soy Él” y “Tú eres eso” en los propios Upanishads, quedó decepcionado también de ellos. La fe, concluyó, no podía fundarse ni en los Vedas ni en los Upanishads, sino en el corazón puro. Solo podían aceptarse los textos de los Upanishads que concordaran con él. La introducción de su hijo añade que los brahmos celebraron entonces una asamblea general. Acordaron que los Vedas, los Upanishads y otros escritos antiguos no debían aceptarse como guías infalibles.
Dayananda Saraswati, fundador del Arya Samaj, sostiene en la segunda edición revisada de su Satyarth Prakash, un libro que también dedica un capítulo a atacar el Corán, que ningún versículo de los Vedas habla de invocar a Dios para que entre en una imagen, de darle vida o de adorarla; los versículos que se recitan en esos ritos, dice, proceden de los Tantras, no de los Vedas. A la idea de que un dios entra en la imagen cuando se le llama con mantras y la abandona cuando termina el rito, responde que Dios, que lo llena todo, ni viene ni se va. Interpreta el Yajur Veda 32.3 (na tasya pratima asti) y el estribillo del Kena Upanishad como una prohibición del culto a las imágenes, llama contrarios a los Vedas a los Tantras y Puranas que lo prescriben, y niega que el culto a las imágenes sea un primer paso hacia Dios.
“No hay igual a él, cuya gloria en verdad es grande.”
“Este mismo Dios penetra todas las regiones; sí, nacido antaño, en el seno mora. Él, en verdad, nacido y por nacer en lo sucesivo, se encuentra con su descendencia, mirando hacia todas las direcciones.”
“A Ti adoramos, y Tu ayuda buscamos.”
“Di: Él es Allah, el Uno y Único; Allah, el Eterno, el Absoluto; no engendra ni ha sido engendrado; y no hay nadie semejante a Él.”
“(Él es) el Creador de los cielos y de la tierra: os ha hecho parejas de entre vosotros mismos, y parejas entre el ganado: por este medio os multiplica: no hay absolutamente nada semejante a Él, y Él es el que oye y ve (todas las cosas).”
Las preguntas de Abraham
Abraham preguntó a su pueblo por los ídolos que adoraban: “¿Os escuchan cuando (los) invocáis?”, “¿O os hacen bien o mal?”. Vio ocultarse una estrella, la luna y el sol. Después volvió su rostro hacia “Aquel que creó los cielos y la tierra”. El Corán dice que aquellos a quienes la gente invoca aparte de Allah (﷾) “no crean nada y ellos mismos son creados”. Son “siervos como vosotros”. Responde a quienes dicen: “Solo los servimos para que nos acerquen más a Allah”. La propia imagen de Ramanuja, un sirviente mirado como un príncipe, describe justo aquello de lo que el Corán se aparta. La página sobre rezar ante imágenes de Jesús y de María expone el mismo argumento a partir del propio mandamiento de la Biblia.
“Dijo: “¿Os escuchan cuando (los) invocáis?”. “¿O os hacen bien o mal?”.”
“Cuando la noche lo cubrió, vio una estrella: dijo: “Este es mi Señor”. Pero cuando se ocultó, dijo: “No amo a los que se ocultan”. Cuando vio la luna salir en su esplendor, dijo: “Este es mi Señor”. Pero cuando la luna se ocultó, dijo: “Si mi Señor no me guía, sin duda estaré entre los que se extravían”. Cuando vio el sol salir en su esplendor, dijo: “Este es mi Señor; este es el mayor (de todos)”. Pero cuando el sol se ocultó, dijo: “¡Oh pueblo mío! En verdad estoy libre de vuestra (culpa) de dar copartícipes a Allah. “En cuanto a mí, he dirigido mi rostro, con firmeza y rectitud, hacia Aquel que creó los cielos y la tierra, y jamás daré copartícipes a Allah”.”
“Aquellos a quienes invocan aparte de Allah no crean nada y ellos mismos son creados.”
“En verdad, aquellos a quienes invocáis aparte de Allah son siervos como vosotros: invocadlos, pues, y que escuchen vuestra oración, ¡si (de verdad) sois veraces!”
“¿No es a Allah a quien se debe la devoción sincera? Pero quienes toman protectores aparte de Allah (dicen): “Solo los servimos para que nos acerquen más a Allah”. En verdad Allah juzgará entre ellos en aquello en que difieren. Pero Allah no guía a los que son falsos e ingratos.”
¿Es la imagen solo una ayuda o un primer paso? ¿Y la Kaaba?
Algunos hindúes llaman a la imagen solo una ayuda, como la fotografía de alguien a quien queremos. Pero una fotografía muestra cómo es alguien, y el Upanishad dice: “No hay semejanza de Él”. El propio Vivekananda dijo que los fieles de cada templo aplican a las imágenes todos los atributos de Dios (﷾), incluida la omnipresencia. Al-Biruni fue un sabio musulmán que estudió la India. Hacia 1030 recogió una tradición hindú. En ella el Señor dice a un rey que haga una imagen como recordatorio, si lo vence el olvido. En ese mismo pasaje, el Señor dice: “si hablas, habla en mi nombre”. Y al-Biruni encontró que los hindúes que buscan la liberación o estudian filosofía “jamás soñarían con adorar una imagen fabricada para representarlo”. El islam da a todos un recordatorio sin imagen: la oración cinco veces al día y el recuerdo de Allah (﷾). Otros llaman a la imagen un primer paso. El dictamen del propio Vedanta, tal como lo explica Ramanuja, dice que quienes se apoyan en símbolos no alcanzan a Brahman. Algunos dicen que la Kaaba, la casa hacia la que los musulmanes se orientan al rezar, es la imagen propia de los musulmanes. Sin embargo, Umar, un compañero cercano del Profeta (ﷺ), besó su Piedra Negra diciendo que sabía que no podía ni perjudicar ni beneficiar. La dirección de la oración fue Jerusalén hasta que Dios (﷾) la cambió. La página sobre si los musulmanes adoran la Kaaba y la Piedra Negra responde a esto por completo. Los musulmanes afirman además lo que Dios (﷾) dice de Sí mismo, Sus manos y Su rostro, sin asemejarlo a nada. No hay absolutamente nada semejante a Él, así que no hacen ninguna imagen de Él.
“Ya de entrada, puedo decirles que en la India no hay politeísmo. En cada templo, si uno se queda cerca y escucha, encontrará a los fieles aplicando a las imágenes todos los atributos de Dios, incluida la omnipresencia.”
“Ni por arriba, ni de través, ni en medio lo ha abarcado nadie. No hay semejanza de Él, cuyo nombre es Gran Gloria (mahad yaśas).”
“Y si te vence el olvido humano, hazte una imagen como aquella en la que me ves; ofrécele perfumes y flores, y haz de ella un recordatorio de mí, para que no me olvides. Si estás afligido, piensa en mí; si hablas, habla en mi nombre; si actúas, actúa para mí.”
“Pues aquellos que marchan por el camino de la liberación, o aquellos que estudian filosofía y teología, y que desean la verdad abstracta, que ellos llaman sâra, están enteramente libres de la adoración de cualquier cosa que no sea Dios solo, y jamás soñarían con adorar una imagen fabricada para representarlo.”
““Los que creen, y cuyos corazones hallan satisfacción en el recuerdo de Allah: pues, sin duda, en el recuerdo de Allah hallan satisfacción los corazones.”
“A los que no dependen de símbolos él los conduce, así piensa Bâdarâyana; habiendo un defecto en ambos casos; y aquel cuyo pensamiento es eso.”
“En el caso de aquellos, en cambio, que se apoyan en los símbolos (en los que contemplan meditativamente a Brahman), empezando por el nombre y terminando por el prâna (“El que medita en el nombre como Brahman”, Kh. Up. VII, 1 ss.), no está probado por los textos de las dos clases antes mencionadas que la meditación conduzca a Brahman; más bien está contaminada por un elemento que no es de la naturaleza de la inteligencia, y por tanto —según el principio de que el resultado de una meditación es de la misma naturaleza que la meditación misma— el alma del devoto inferior que practica tal meditación no avanza por el camino de la luz y no alcanza a Brahman.”
Abis ibn Rabi'a relata que Umar se acercó a la Piedra Negra y la besó. Umar dijo que sabía que era una piedra que no podía ni perjudicar ni beneficiar, y que, si no hubiera visto al Profeta (ﷺ) besarla, no la habría besado.
Al-Bara ibn Azib relata que, tras llegar a Medina, el Profeta (ﷺ) rezó orientado hacia Jerusalén durante dieciséis o diecisiete meses, hasta que la dirección de la oración fue cambiada hacia la Kaaba.
“Vemos cómo vuelves tu rostro (en busca de guía) hacia los cielos: ahora te haremos volverte hacia una Qibla que te complazca. Vuelve, pues, tu rostro en dirección a la Mezquita sagrada: dondequiera que estéis, volved vuestros rostros en esa dirección. La gente del Libro sabe bien que esa es la verdad de su Señor. Y Allah no está desatento a lo que hacen.”
“(Allah) dijo: “¡Oh Iblís! ¿Qué te impide postrarte ante aquel a quien he creado con Mis manos? ¿Eres altivo? ¿O eres de los altos (y poderosos)?””
“Todo lo que hay sobre la tierra perecerá: pero permanecerá (para siempre) el Rostro de tu Señor, lleno de Majestad, Generosidad y Honor.”
“(Él es) el Creador de los cielos y de la tierra: os ha hecho parejas de entre vosotros mismos, y parejas entre el ganado: por este medio os multiplica: no hay absolutamente nada semejante a Él, y Él es el que oye y ve (todas las cosas).”
El que está cerca sin ninguna imagen
El Corán enseña al Dios (﷾) que describen esas líneas más elevadas. No hay absolutamente nada semejante a Él; no hay nadie semejante a Él; ninguna visión puede abarcarle. Y, sin embargo, Él está cerca: “escucho la oración de todo suplicante cuando Me invoca”. Está más cerca de cada persona que la vena yugular, y está con todos dondequiera que estén. “Invocadme; Yo responderé a vuestra (oración)”. En un viaje, los compañeros del Profeta (ﷺ) proclamaban en voz alta Allahu Akbar (Allah (﷾) es el Más Grande). Él les dijo que no estaban invocando a alguien sordo o ausente, sino a Uno que oye, ve y está cerca. “Dondequiera que os volváis, allí está la presencia de Allah”. Así que un musulmán no necesita ninguna imagen ni intermediario para invocar a Dios (﷾). El Corán pide esta adoración en su capítulo inicial: “A Ti adoramos”. Cerca de su final, la Surat al-Ikhlas dice: “no hay nadie semejante a Él”.
“(Él es) el Creador de los cielos y de la tierra: os ha hecho parejas de entre vosotros mismos, y parejas entre el ganado: por este medio os multiplica: no hay absolutamente nada semejante a Él, y Él es el que oye y ve (todas las cosas).”
“Di: Él es Allah, el Uno y Único; Allah, el Eterno, el Absoluto; no engendra ni ha sido engendrado; y no hay nadie semejante a Él.”
“Ninguna visión puede abarcarle, pero Él abarca toda visión: Él está por encima de toda comprensión, y sin embargo conoce todas las cosas.”
“Cuando Mis siervos te pregunten por Mí, en verdad estoy cerca (de ellos): escucho la oración de todo suplicante cuando Me invoca: que ellos también, con voluntad, escuchen Mi llamada y crean en Mí: para que anden por el camino recto.”
“Fuimos Nosotros Quienes creamos al hombre, y sabemos qué oscuras sugerencias le hace su alma: porque estamos más cerca de él que (su) vena yugular.”
“Él es Quien creó los cielos y la tierra en seis Días, y además está firmemente establecido en el Trono (de Autoridad). Él sabe lo que penetra en la tierra y lo que sale de ella, lo que desciende del cielo y lo que asciende a él. Y Él está con vosotros dondequiera que estéis. Y Allah ve bien todo lo que hacéis.”
“Y vuestro Señor dice: “Invocadme; Yo responderé a vuestra (oración): pero los que son demasiado arrogantes para servirme ciertamente se encontrarán en el Infierno, ¡humillados!”.”
Abu Musa al-Ash'ari relata que, en un viaje con el Profeta (ﷺ), los Compañeros proclamaban Allahu Akbar cada vez que subían a un terreno elevado. El Profeta (ﷺ) les dijo que no se esforzaran tanto. No estaban invocando, dijo, a alguien sordo o ausente, sino a Uno que oye, ve y está cerca. En el mismo relato, en Sahih al-Bukhari 2992, añade que Él está con ellos.
“A Allah pertenecen el oriente y el Occidente: dondequiera que os volváis, allí está la presencia de Allah. Pues Allah todo lo abarca y todo lo sabe.”
“A Ti adoramos, y Tu ayuda buscamos.”
Las réplicas, respondidas
Svetasvatara Upanishad 4.19-20 — capítulo 4, versículos 19-20
“Nadie lo ha abarcado por arriba, ni de través, ni en medio. No hay imagen de él, cuyo nombre es Gran Gloria. Su forma no puede verse; nadie lo percibe con el ojo. Quienes por el corazón y la mente lo conocen así, morando en el corazón, se vuelven inmortales.”
Por qué se cita
Pratima significa semejanza, igual o medida. El versículo dice que nada iguala a Dios; no dice nada de estatuas. Leerlo como una prohibición de la murti es malinterpretarlo.
La respuesta
Concedido: el argumento no necesita la palabra “estatua”. Hume traduce la línea “No hay semejanza de Él”, y Griffith, en el Yajur Veda, “No hay igual a él”. Una estatua de Dios (﷾) es una semejanza de Él, hecha para ser vista. El versículo siguiente dice “Su forma no puede verse; nadie lo percibe con el ojo”, y el Katha Upanishad tiene la misma línea. El mismo Upanishad dice también que “no se ve a nadie semejante a él”. Con cualquier traducción, lo que estos versículos niegan es una semejanza de Dios (﷾) que el ojo pueda ver.
Conclusión — Con cualquier traducción de pratima, el Upanishad niega que Dios (﷾) tenga semejanza, y dice que ningún ojo ve Su forma.
Chandogya Upanishad 3.18.1 — capítulo 3, sección 18, versículo 1
“Medite el hombre en la mente como Brahman (n.); esto se dice con referencia al cuerpo. Medite el hombre en el éter como Brahman (n.); esto se dice con referencia a los Devas. Así se ha enseñado tanto la meditación que se refiere al cuerpo como la meditación que se refiere a los Devas.”
Por qué se cita
Los propios Upanishads nos mandan meditar en la mente y en el espacio como Brahman. Llaman Brahman a Om, y dicen que el Yo es el sol. La murti se usa del mismo modo: un símbolo a través del cual se adora al Dios único. El culto a las imágenes sigue el propio método de la shruti.
La respuesta
Los textos del propio Vedanta dictaminan precisamente sobre estas meditaciones. El Kena dice de la mente misma que Brahman es aquello “por lo cual, dicen, la mente es capaz de pensar”. Es “no esto que la gente adora aquí”. Los Brahma Sutras tratan la meditación en un símbolo (pratika). Ramanuja explica que en ella lo que se medita es “solo el pratîka, no Brahman”. Es una meditación en la que algo “que no es Brahman es visto bajo el aspecto de Brahman”. Shankara coincide: “(no Brahman, sino) solo Âditya y demás han de ser objeto de meditación”. Los Sutras dictaminan luego: “A los que no dependen de símbolos él los conduce”. Ramanuja concluye que el devoto que se apoya en símbolos “no alcanza a Brahman”. El propio Vivekananda escribió: “Las mismas ideas se aplican a la adoración de las Pratimâs que a la de los Pratîkâs”.
Conclusión — Según el dictamen del propio Vedanta, en la adoración a través de un símbolo lo que se medita es el símbolo. No lleva al adorador a Brahman. El propio Vivekananda pone las imágenes en la misma clase que los símbolos.
Svetasvatara Upanishad 3.5 — capítulo 3, versículo 5
“¡Oh Rudra, tú que moras en las montañas, míranos con esa tu forma más bendita, que es propicia, no terrible, y no revela mal alguno!”
Por qué se cita
El mismo Upanishad que se cita contra las imágenes le pide a Rudra que nos mire “con esa tu forma más bendita”, y ora a su “rostro benévolo”. Así que Dios tiene formas, y la murti las muestra.
La respuesta
El Upanishad dice esto, y esta página lo cita. El mismo Upanishad dice también “Su forma no puede verse; nadie lo percibe con el ojo”, y “No hay imagen de él”. Una forma que ningún ojo de este mundo puede ver no puede tallarse ni pintarse. Un rostro al que se pide protección en la oración no es un rostro modelado por un escultor. También el Corán habla del “Rostro de tu Señor”, que permanece cuando perece todo lo que hay sobre la tierra. Lo afirma sin asemejarlo a nada, porque “no hay absolutamente nada semejante a Él”. Y dice: “No inventéis semejanzas para Allah”. Así que el “rostro” del Upanishad no da licencia para uno tallado. El Corán habla de Su Rostro, y en ninguna parte Le da una semejanza que pueda tallarse.
Conclusión — Hablar del rostro de Dios (﷾) no hace de él una imagen. El mismo Upanishad dice que ningún ojo ve Su forma.
Shankara, comentario al Kena Upanishad 1.5 — traducción de S. Sitarama Sastri, 1898, p. 48
“Sin tener en cuenta estos, sabe que el Atman mismo es el Brahman incondicionado. Este es el sentido. Brahman no es lo que la gente adora aquí, como Iswara, que no es el Atman, y que está condicionado y al que se alude como “esto”.”
Por qué se cita
El Kena no trata de imágenes. Shankara explica que Brahman no es lo que la gente adora aquí, como Ishvara, el Señor: todo lo que se adora como distinto del propio Yo. Según esa lectura, el estribillo excluye a todo Señor al que la gente reza, también al Dios de los musulmanes.
La respuesta
Tomemos la lectura de Shankara. Si ni siquiera el Señor, adorado como objeto, es Brahman, con mayor razón no lo es una imagen tallada. Su paso siguiente, que el propio Yo del adorador es Brahman, es la enseñanza de su escuela. Otros maestros hindúes lo rechazan: Ramanuja responde que no hay un “Ser puro” por encima del Señor. Tampoco el Kena prohíbe la adoración. Dice de Brahman: “Se le ha de adorar con el nombre de Tadvanam”: con un nombre, no con una imagen. El Corán dice lo mismo: “Los nombres más hermosos pertenecen a Allah: invocadle, pues, con ellos”. Un musulmán no adora ningún objeto que el ojo vea o que la mente se figure, porque “Ninguna visión puede abarcarle”.
Conclusión — Con cualquier lectura, el Kena niega que lo que el ojo ve sea Brahman, y manda adorar a Brahman con un nombre. Lo mismo hace el Corán.
Srinivasadasa, Yatindramatadipika, capítulo 6 — traducción de A. Govindacharya, 1912, pp. 92-93
“En el caso del Arcâ'vatāra (o Imágenes consagradas en los Templos), el cuerpo espiritual, por la gracia de Dios obtenida mediante la propiciación, se encarna (en las Imágenes) tras el proceso vivificador (Prāṇa-pratishṭhā).”
Por qué se cita
La murti no es una semejanza de la esencia de Dios. Por el rito de la prana-pratishtha, Dios mismo se hace presente en ella, por amor a Sus devotos. Los sri vaishnavas llaman a la imagen del templo Su propio descenso (arca). Incluso Shankara dijo que Vishnu está cerca de nosotros en la piedra salagrama. Decir que Dios no puede hacer esto es limitar a Dios.
La respuesta
El islam no enseña que Dios (﷾) entre en una cosa hecha. Está cerca de cada persona por Su conocimiento. Está más cerca que la vena yugular, y con ella dondequiera que esté, pues “Allah ve bien todo lo que hacéis”. Dondequiera que se vuelva, allí está Su presencia. El Profeta (ﷺ) dijo a sus compañeros que estaban invocando a Uno que oye y está cerca. No hace falta ningún rito para acercarlo. La cuestión es si Él pidió ser adorado en un objeto fabricado. La shruti responde dos veces. El Svetasvatara dice: “Su forma no puede verse; nadie lo percibe con el ojo” (4.20). El Katha dice: “Su forma no ha de verse” (2.3.9). El propio manual enumera la adoración que se da a la imagen: baño, alimento, lugar y descanso. Lo que recibe ese servicio es lo que la gente ve, “esto que la gente adora aquí”, que según el Kena no es Brahman. Shankara sí toma la cercanía de Vishnu en la piedra salagrama como una comparación conocida. Pero la usa para mostrar que Brahman está cerca “en la ciudad del alma individual”, dentro del propio adorador. El mismo Shankara dictamina que en la adoración a través de un símbolo “la meditación no está fija en Brahman”. Incluso Dayananda respondió a esta misma afirmación: ningún versículo de los Vedas, dijo, habla de invocar a Dios (﷾) para que entre en una imagen. El Corán dice que aquellos a quienes se invoca aparte de Allah (﷾) no crean nada y ellos mismos son creados.
Conclusión — Dios (﷾) no entra en ninguna cosa hecha, y está cerca sin ningún rito. Una estatua a la que se da adoración se convierte en “esto que la gente adora aquí”, que según el Kena no es Brahman.
Ramanuja, comentario a los Brahma Sutras 2.2.42 — Sacred Books of the East 48, pp. 525-526
“Saṅkarshana, Pradyumna y Aniruddha son, pues, meras formas corporales que el Brahman supremo asume voluntariamente. La Escritura ya declara: “Sin nacer, él nace de muchas maneras”, y es este nacimiento —que consiste en la asunción voluntaria de una forma corporal, debida a la ternura hacia sus devotos— lo que enseña el sistema Bhâgavata; por eso no hay ninguna objeción válida contra la autoridad de ese sistema.”
Por qué se cita
El culto en los templos se basa en los Agamas, que los hindúes shaivas y vaishnavas tienen por revelados, y en los Puranas, entre ellos el Bhagavata. El propio Ramanuja sostiene la autoridad del Pancharatra, que enseña que Dios toma formas corporales por Sus devotos. Y la imagen consagrada no es un símbolo, así que los dictámenes sobre los símbolos no la tocan.
La respuesta
Concedámoslo todo: los Agamas, el Pancharatra y los Puranas establecen la imagen y su culto. Entonces las escrituras hindúes hablan con dos voces. Los Upanishads dicen: “No hay imagen de él” y “Su forma no puede verse”. El Kena añade: “no esto que la gente adora aquí”. Los maestros hindúes no se han puesto de acuerdo sobre qué voz seguir. Dayananda llamó contrarios a los Vedas a los Tantras y Puranas que prescriben el culto a las imágenes, mientras que Ramanuja sostuvo el Pancharatra. El Corán habla con una sola voz: “no hay absolutamente nada semejante a Él”. Dice de sí mismo: “Si hubiera procedido de otro que no fuera Allah, sin duda habrían hallado en él mucha discrepancia”.
Conclusión — Aun concediendo los Agamas, la escritura hindú habla con dos voces sobre las imágenes, y sus maestros se dividen sobre cuál seguir. El Corán habla con una sola.
Swami Vivekananda, Paper on Hinduism, Parlamento Mundial de las Religiones, Chicago, 19 de septiembre de 1893
“Hermanos míos, no podemos pensar en nada sin una imagen mental, como tampoco podemos vivir sin respirar. Por la ley de la asociación, la imagen material evoca la idea mental, y viceversa. Por eso el hindú usa un símbolo externo cuando adora. Les dirá que le ayuda a mantener la mente fija en el Ser a quien reza. Sabe tan bien como ustedes que la imagen no es Dios, no es omnipresente.”
Por qué se cita
La imagen es solo una ayuda, como la fotografía de alguien a quien queremos. El hindú sabe tan bien como cualquiera que la imagen no es Dios. Le ayuda a mantener la mente fija en el Ser a quien reza.
La respuesta
Una fotografía muestra cómo es alguien. El Upanishad dice que nadie ve cómo es Dios: “No hay semejanza de Él”, y “Su forma no puede verse”. Así que una imagen de Dios (﷾) no puede ser Su fotografía. Algunos relatos hindúes sí cuentan que Dios (﷾) mostró una forma. En el relato que narra al-Biruni, el Señor dice a un rey que haga una imagen “como aquella en la que me ves”. Entonces el relato y el Upanishad hablan con dos voces, y el Upanishad es la escritura que la mayoría de los hindúes tiene por revelada. Y la imagen, en un templo o en un altar doméstico, se trata como algo más que un recordatorio. Un manual sri vaishnava, que habla también de esas imágenes en los hogares, enumera el servicio que se les da: baño, alimento, lugar y descanso. El propio Vivekananda dijo a ese mismo público que en cada templo los fieles aplican a las imágenes todos los atributos de Dios (﷾), incluida la omnipresencia. Según su propia definición, la adoración a través de un símbolo es adoración de algo que “no es el Brahman”. Abraham preguntó a su pueblo por lo que adoraban: “¿Os escuchan cuando (los) invocáis?”.
Conclusión — Una fotografía muestra un rostro que alguien ha visto; el Upanishad dice que ningún ojo ve la forma de Dios (﷾). Una imagen a la que se baña, se alimenta y se reza se trata como algo más que una ayuda.
Swami Vivekananda, Bhakti-Yoga (1896), Worship of Substitutes and Images
“Pero donde el objeto de adoración es el propio Brahman, y el Pratîkâ hace solo de sustituto o de sugerencia de Él, es decir, donde a través del Pratîkâ se adora al Brahman omnipresente —idealizado el Pratîkâ mismo como la causa de todo, el Brahman—, la adoración es positivamente beneficiosa; más aún, es absolutamente necesaria para toda la humanidad, hasta que todos hayan dejado atrás el estado primario o preparatorio de la mente en lo que respecta a la adoración.”
Por qué se cita
Las imágenes son una etapa. Donde se adora al Dios único a través de la imagen, esa adoración es necesaria para todos hasta que superan la primera etapa. Una imagen que representa al Dios único trae devoción y liberación. Todas estas, dijo Vivekananda, parecen ser etapas necesarias.
La respuesta
Si la imagen es el primer peldaño de una escalera, los Upanishads son su cima. En la cima dicen: “no esto que la gente adora aquí”. Los Brahma Sutras responden a la afirmación de que esa adoración trae la liberación: solo “los que no dependen de símbolos” son conducidos adelante. Ramanuja concluye que el devoto que se apoya en símbolos “no alcanza a Brahman”, y Shankara, que su meditación “no está fija en Brahman”. Dayananda, un reformador hindú, rechazó esa misma escalera: el culto a las imágenes, dijo, no es un paso hacia Dios (﷾). El islam ofrece a todos, desde el primer día, la adoración del Uno invisible, a quien, según el Upanishad, se conoce “por el corazón y la mente”. “Escucho la oración de todo suplicante cuando Me invoca”.
Conclusión — El dictamen del propio Vedanta niega que la adoración a través de símbolos lleve a una persona a Brahman. No hace falta subir una escalera cuya cima dice “no esto”.
al-Biruni, Tahqiq ma li-l-Hind (India), hacia 1030 d. C., capítulo 11 — la historia del rey Ambarisha
“Y si te vence el olvido humano, hazte una imagen como aquella en la que me ves; ofrécele perfumes y flores, y haz de ella un recordatorio de mí, para que no me olvides. Si estás afligido, piensa en mí; si hablas, habla en mi nombre; si actúas, actúa para mí.”
Por qué se cita
El camino de los Upanishads, sin imagen, es para quienes dejan el mundo. Un cabeza de familia, ocupado con el trabajo y la familia, necesita un recordatorio. Al-Biruni recoge el propio relato de los hindúes al respecto. El Señor dijo a un rey que la liberación llega manteniéndose apartado del mundo. El rey preguntó cómo podía hacerlo la gente atada al mundo. El Señor le dijo que hiciera una imagen como recordatorio si el olvido lo vencía.
La respuesta
Los propios Upanishads no eran solo para quienes dejan el mundo. En el Chandogya, “cinco grandes cabezas de familia y grandes teólogos” se reúnen para preguntar “¿Qué es nuestro Yo, y qué es Brahman?”. En el relato que cuenta al-Biruni, el mismo Señor dice también: “si hablas, habla en mi nombre”. El islam da a quien vive en el mundo ese recordatorio, sin imagen. Reza cinco veces al día, y el Corán elogia a los “hombres a quienes ni el comercio ni la mercancía pueden apartar del Recuerdo de Allah”. Dice que “en el recuerdo de Allah hallan satisfacción los corazones”. Al-Biruni también encontró que los hindúes que buscan la liberación “jamás soñarían con adorar una imagen fabricada para representarlo”. Cientos de millones de musulmanes, la mayoría ocupados con el trabajo y la familia, muestran cada día que no hace falta ninguna imagen.
Conclusión — Entre los propios buscadores de los Upanishads hay cabezas de familia. El islam da a toda persona que vive en el mundo un recordatorio sin imagen: la oración y el recuerdo de Allah (﷾).
Swami Vivekananda, Addresses on Bhakti-Yoga, The Chief Symbols
“Los mahometanos piensan que, cuando rezan, si tratan de formarse una imagen mental del Templo con la Kaaba, la piedra negra, en su interior, y se vuelven hacia el oeste, está bien, pero que si uno se forma la imagen con la forma de una iglesia, es idolatría. Este es el defecto del culto a las imágenes. Y, sin embargo, todas estas parecen ser etapas necesarias.”
Por qué se cita
Los musulmanes se vuelven hacia la Kaaba cinco veces al día, la imaginan durante la oración, caminan a su alrededor y besan la Piedra Negra. Eso es culto a las imágenes, con un edificio en lugar de una estatua.
La respuesta
Umar besó la Piedra Negra y dijo que sabía que era una piedra que no podía ni perjudicar ni beneficiar. La besó solo porque había visto al Profeta (ﷺ) hacerlo. En Medina, la dirección de la oración fue Jerusalén durante dieciséis o diecisiete meses, hasta que Dios (﷾) la cambió. Un musulmán puede volverse de una dirección a otra, pero no de Aquel a quien reza. “Dondequiera que os volváis, allí está la presencia de Allah”. En cada oración le dice a Dios (﷾): “A Ti adoramos”. El islam no pide nada a la Kaaba ni a la Piedra ni les ofrece alimento, y a ningún musulmán se le enseña que Dios (﷾) haya entrado en ellas. La página sobre si los musulmanes adoran la Kaaba y la Piedra Negra expone el resto.
Conclusión — Una dirección fijada por Dios (﷾), y una piedra a la que se le dijo que no puede ni perjudicar ni beneficiar, no reciben adoración.
Swami Vivekananda, Bhakti-Yoga (1896), Worship of Substitutes and Images
“De las principales religiones del mundo, vemos que el vedantismo, el budismo y ciertas formas del cristianismo usan libremente imágenes; solo dos religiones, el mahometismo y el protestantismo, rechazan esa ayuda. Y, sin embargo, los mahometanos usan las tumbas de sus santos y mártires casi en lugar de imágenes”
Por qué se cita
Los musulmanes hacen lo mismo de otra manera. Vivekananda escribió que los musulmanes usan las tumbas de sus santos y mártires casi en lugar de imágenes. En santuarios de toda la India, muchos musulmanes ponen telas y flores sobre la tumba de un santo y le piden ayuda.
La respuesta
El islam prohíbe hacer de una tumba un lugar de culto. Cinco días antes de su muerte, el Profeta (ﷺ) habló de pueblos anteriores. Habían convertido las tumbas de sus profetas y de sus hombres justos en lugares de culto. Prohibió a los musulmanes hacer lo mismo. Su propia tumba no se dejó al descubierto, por temor a que fuera tomada como lugar de culto. El Corán dice: “Y los lugares de culto son para Allah (solo): así que no invoquéis a nadie junto con Allah”. Lo que algunos musulmanes hacen en las tumbas es aquello contra lo que su Profeta (ﷺ) advirtió. Una fe se juzga por lo que enseña, no por lo que hacen algunos de sus seguidores.
Conclusión — El islam prohíbe convertir una tumba en lugar de culto. La medida es su enseñanza, no la práctica de cada musulmán.
Corán 56:77-79 — Surat al-Waqi'a (Lo Inevitable), aleyas 77-79
“Que este es en verdad un qur'an Muy Honorable, en un Libro bien guardado, que nadie tocará sino los que están limpios:”
Por qué se cita
También los musulmanes tratan como santo un objeto fabricado. Guardan el Corán envuelto y en alto, lo tocan solo cuando están limpios y lo besan. Así es como los hindúes tratan la murti.
La respuesta
Un libro con las palabras de Dios (﷾) no es una semejanza de Dios (﷾). Los musulmanes honran el Corán escrito por las palabras que contiene, no por su papel y su tinta. No le rezan, no le piden ayuda ni le ofrecen alimento, y el islam no enseña a nadie que Dios (﷾) haya entrado en él. En sus oraciones diarias recitan esas mismas palabras de memoria, sin ningún libro delante. A quien adoran es a Aquel que las pronunció: “A Ti adoramos”.
Conclusión — Los musulmanes honran el Corán como palabras de Dios (﷾) y rezan solo a Dios (﷾). Un libro con Sus palabras no es una imagen de Él.
Corán 38:75 — Surat Sad (La letra Sad), aleya 75
“(Allah) dijo: “¡Oh Iblís! ¿Qué te impide postrarte ante aquel a quien he creado con Mis manos? ¿Eres altivo? ¿O eres de los altos (y poderosos)?””
Por qué se cita
El Corán dice que Dios creó a Adán con Sus manos, y habla de Su rostro. Así que también el islam da a Dios una forma. Los hindúes solo hacen visible lo que los musulmanes dejan en palabras. Y el mismo versículo reprocha a Iblís que se negara a postrarse ante Adán, una forma que Dios había modelado y en la que había insuflado Su espíritu. Eso es lo que hace la consagración de una murti.
La respuesta
Los musulmanes afirman lo que Dios (﷾) dice de Sí mismo, Sus manos y Su rostro, sin asemejarlos a nada, porque “no hay absolutamente nada semejante a Él”. Una palabra que Dios (﷾) usa para hablar de Sí mismo no es una semejanza hecha por manos humanas. Los musulmanes no hacen ninguna pintura ni estatua de Dios (﷾) ni rezan ante ninguna. Los ángeles se postraron ante Adán porque Dios (﷾) lo mandó, así que su postración fue obediencia a Dios (﷾), no adoración de una criatura. Y Adán era un hombre vivo, a quien Dios (﷾) enseñó “los nombres de todas las cosas”, no una figura tallada por un artesano. Las palabras “de Mi espíritu” honran un espíritu que Dios (﷾) creó, del mismo modo que a la Kaaba se la honra llamándola “Mi Casa”. El Corán nunca dice que Dios mismo entrara en Adán. A nadie se le dijo que rezara a Adán ni que le pidiera ayuda. No manda ninguna postración ante una imagen: “No os postréis ante el sol ni ante la luna, sino postraos ante Allah, que los creó”. El Upanishad dice lo mismo de su Dios: “No hay imagen de él”.
Conclusión — Los musulmanes afirman las palabras de Dios (﷾) sobre Sí mismo sin hacer una semejanza. Los ángeles se postraron ante Adán por mandato de Dios (﷾); el Corán no manda ninguna postración ante una imagen.
Perspectivas
Dios presente en la imagen consagrada
Por amor a quienes Le adoran, Dios toma formas para que puedan llegar a Él. Cuando una imagen de un templo se consagra con un rito llamado prana-pratishtha, Su cuerpo espiritual se hace presente en ella. Él acepta la adoración que allí se ofrece. Es Dios mismo quien recibe la adoración, no la piedra o el metal de que está hecha la imagen.
Los maestros sri vaishnavas de la escuela de Ramanuja, y el culto en los templos tal como lo establecen los Agamas
Un manual de la escuela de Ramanuja enseña que Dios desciende a cualquier materia que Su adorador escoja con amor, incluidas las imágenes hechas por el hombre. Allí acepta el baño, el alimento y el descanso.
Refutación
Concedamos que esta escuela lo enseña. La cuestión es si Dios (﷾) pidió ser adorado en un objeto fabricado, y la shruti dice que ningún ojo ve Su forma. Lo que recibe el baño y el alimento es lo que la gente ve, que según el Kena no es Brahman.
El mismo manual enseña que el cuerpo espiritual de Dios se encarna en las imágenes consagradas en los templos tras el rito de la prana-pratishtha.
Refutación
Dios (﷾) ya está más cerca de cada persona que la vena yugular, y con ella por Su conocimiento dondequiera que esté. Así que no hace falta ningún rito para acercarlo. Dayananda, un reformador hindú, dijo que ningún versículo de los Vedas habla de invocar a Dios (﷾) para que entre en una imagen.
Ramanuja acepta las escrituras del Pancharatra. Enseñan que Dios toma libremente formas corporales por amor a quienes Le adoran.
Refutación
Concedamos que Ramanuja lo sostiene. Entonces la escritura hindú habla con dos voces, y sus maestros se dividen sobre cuál seguir. Dayananda llamó contrarios a los Vedas a los Tantras y Puranas que prescriben el culto a las imágenes. El Corán habla con una sola voz.
La imagen como símbolo y primer paso
Nadie puede pensar sin una imagen mental. Por eso el hindú usa una imagen para mantener la mente fija en Dios, sabiendo que la imagen no es Dios. Los propios Upanishads enseñan a meditar en la mente, en el éter y en Om como Brahman. Donde se adora al Dios único a través de la imagen, esa adoración es necesaria para todos hasta que superan la primera etapa. Trae devoción y liberación.
El Advaita de Shankara, Swami Vivekananda y buena parte de la enseñanza hindú moderna
Un hindú usa una imagen para mantener la mente fija en el Ser a quien reza. Sabe que la imagen misma no es Dios.
Refutación
Una fotografía muestra cómo es alguien. Pero el Upanishad dice: “No hay semejanza de Él”. Y el propio Vivekananda dijo que los fieles de cada templo dan a las imágenes todas las cualidades de Dios (﷾), incluso la de estar en todas partes.
Los Upanishads mandan meditar en la mente y en el espacio como Brahman, y llaman Brahman al sonido Om.
Refutación
Aun así, los Brahma Sutras dictaminan precisamente sobre estas meditaciones. Ramanuja explica que en ellas se medita solo en el símbolo, no en Brahman. Y el devoto que se apoya en símbolos no alcanza a Brahman.
Brahman, que está en todas partes, puede ser adorado a través de un símbolo. Todos necesitan esa forma de adoración hasta que dejan atrás la etapa de principiante.
Refutación
Los propios maestros del Vedanta dictaminan en contra de esto. Ramanuja dice que el devoto que se apoya en símbolos “no alcanza a Brahman”. Shankara dice que su meditación “no está fija en Brahman”. El islam ofrece a todos al Uno invisible, desde el primer día.
Una imagen que representa al Dios único trae tanto devoción como liberación.
Refutación
El propio Vivekananda pone las imágenes en la misma clase que los símbolos. Los Sutras, tal como los leen sus dos grandes maestros, excluyen a quienes dependen de símbolos de entre los que son conducidos adelante.
Shankara sostiene que Brahman da el fruto de las meditaciones en símbolos. Se medita en Brahman en la medida en que la idea de Brahman se superpone a ellos, como la de Vishnu a sus imágenes.
Refutación
Concedámoslo. Sin embargo, el mismo Shankara escribe que en la adoración a través de un símbolo “la meditación no está fija en Brahman”. El símbolo es el elemento principal en ella.
Shankara compara la cercanía de Brahman al adorador con la cercanía de Vishnu en la piedra salagrama.
Refutación
Usa la comparación para mostrar que Brahman está cerca “en la ciudad del alma individual”, dentro del propio adorador. El mismo Shankara dictamina que en la adoración a través de un símbolo “la meditación no está fija en Brahman”.
Sin imágenes: los movimientos reformistas
Al Dios único e invisible se le ha de adorar sin ninguna imagen. El Brahmo Samaj de Roy vetó toda semejanza en su sala. Dayananda leyó el na tasya pratima asti del Yajur Veda como una prohibición del culto a las imágenes, y sostuvo que ningún versículo védico lo prescribe. Roy admitía que los Vedas toleran el culto a las imágenes para quienes no pueden elevarse por encima de él. Tagore descubrió que no podía edificar su fe ni sobre los Vedas ni sobre los Upanishads.
Ram Mohan Roy y Debendranath Tagore (Brahmo Samaj); Dayananda Saraswati (Arya Samaj)
La escritura de fideicomiso del Brahmo Samaj, de 1830, vetaba en su sala de culto toda imagen o semejanza de cosa alguna.
Refutación
El islam coincide en que la adoración no necesita ninguna imagen ni semejanza. Va más lejos, porque lo apoya en lo que Dios (﷾) es: no hay absolutamente nada semejante a Él.
Roy escribió que los Vedas toleran el culto a las imágenes como último recurso para quienes no pueden contemplar al Dios invisible. Y, sin embargo, escribió, instan repetidamente a abandonarlo.
Refutación
El islam coincide en que hay que abandonar la imagen. Va más lejos: no permite ninguna imagen como primer ni como último paso, y pide a todos que invoquen a Dios (﷾) directamente.
Debendranath Tagore concluyó que su fe no podía fundarse ni en los Vedas ni en los Upanishads. Quedó decepcionado de los Upanishads cuando encontró en ellos “Yo soy Él” y “Tú eres eso”.
Refutación
El islam coincide en que una fe en un solo Dios (﷾) necesita una escritura que lo diga con claridad. El Corán lo hace, desde su primer capítulo hasta los últimos.
Dayananda Saraswati sostuvo que ningún versículo de los Vedas habla de llamar a Dios para que entre en una imagen. Ninguno habla de darle vida o de adorarla.
Refutación
El islam coincide en que a Dios (﷾) no se le llama para que entre en una imagen. Y va más lejos. Dios (﷾) ya está más cerca de cada persona que la vena de su cuello, así que no hace falta ningún rito para acercarlo.
La perspectiva islámica
Dios (﷾) es Uno. Nada en absoluto se Le parece, y ningún ojo puede abarcarle. Sin embargo, está cerca, y oye a quien Le invoca. Por eso se Le adora directamente, sin imagen ni símbolo, y Él mismo oye a todo el que Le invoca. Las líneas más elevadas de los Upanishads, y el dictamen del propio Vedanta sobre los símbolos, apuntan en la misma dirección.
El Svetasvatara Upanishad dice que no hay imagen ni semejanza de Dios (﷾), y que Su forma no puede verse. El Katha Upanishad tiene la misma línea.
El Kena Upanishad dice cinco veces que lo que la gente adora aquí no es Brahman.
Ramanuja enseña que en la adoración a través de un símbolo solo se medita en el símbolo: algo que no es Brahman, tratado como si lo fuera. Shankara enseña que esa meditación no está fija en Brahman.
Los Brahma Sutras, tal como los explica Ramanuja, sostienen que quienes se apoyan en símbolos no alcanzan a Brahman.
Hacia 1030, al-Biruni encontró que los hindúes que buscan la liberación o estudian filosofía adoran solo a Dios (﷾). Jamás pensarían en adorar una imagen hecha para representarlo.
El Corán enseña que no hay absolutamente nada semejante a Dios (﷾) y que ninguna visión puede abarcarle.
Dios (﷾) está cerca de cada persona y responde a quien Le invoca, así que no hace falta ninguna imagen para llegar a Él. El Profeta (ﷺ) dijo que los musulmanes invocan a Uno que oye, ve y está cerca.
Lo que se adora aparte de Dios (﷾) no crea nada y es creado. No puede oír a quienes lo adoran, ni hacerles bien o mal.
Los musulmanes aceptan lo que Dios (﷾) dice de Sí mismo, como Sus manos y Su rostro, sin compararlo con nada. Por eso no hacen ninguna imagen de Él.