Respuesta breve
Sí. El Corán y un hadiz auténtico, un relato del Profeta (ﷺ), enseñan que los meteoros ahuyentan del cielo a los demonios. Los meteoros son las llamas que conocemos como estrellas fugaces. Ningún versículo sobre la custodia del cielo dice que una estrella abandone el cielo. Corán 67:5 dice que Dios (﷾) adornó el cielo más bajo con lámparas y las hizo proyectiles. Yusuf Ali traduce ese “las” como “tales (Lámparas)”: luces de esa clase. Otros versículos nombran el proyectil: una llama de fuego. En ese hadiz, un Compañero describe un meteoro como una estrella arrojada, igual que en español decimos estrella fugaz. Ibn Kathir y al-Qurtubi explicaron que a los demonios se les apedrea con llamas, no con las estrellas. Lo que describe el versículo puede verlo cualquiera en una noche despejada. Su propósito pertenece a lo oculto, que ningún telescopio puede comprobar. El islam enseña que el cielo está custodiado para que los demonios no puedan oír la revelación.
Explicación completa
Lo que dice el versículo
Corán 67:5 dice dos cosas. Dios (﷾) adornó el cielo más bajo (el cielo más cercano a nosotros) con masabih, lámparas. Y las hizo rujum, proyectiles, contra los demonios. No dice que ninguna lámpara abandone el cielo. La traducción de Yusuf Ali vierte ese “las” como “tales (Lámparas)”, es decir, luces de esa clase. Corán 41:12 pone esas mismas dos cosas una junto a otra: el cielo inferior adornado con luces, y dotado de guardia.
“Y hemos adornado, (desde antiguo), el cielo más bajo con Lámparas, y hemos hecho tales (Lámparas) (como) proyectiles para ahuyentar a los Malignos, y les hemos preparado el Castigo del Fuego Llameante.”
“Así los completó como siete firmamentos en dos Días, y asignó a cada cielo su función y su mandato. Y adornamos el cielo inferior con luces, y (lo dotamos) de guardia. Tal es el Decreto de (Aquel que es) el Exaltado en Poder, el Omnisciente.”
La objeción
Los críticos leen Corán 67:5 como si dijera que las estrellas mismas son lanzadas contra los demonios. El versículo dice que Dios (﷾) adornó el cielo más bajo con lámparas y las hizo proyectiles. Las lámparas, dicen, son las estrellas. Pero las estrellas son soles lejanos, que no pueden arrojarse contra nada cercano a la tierra. Una estrella fugaz no es una estrella en absoluto. Es un grano de polvo o una pequeña roca del espacio que se quema al entrar en el aire de la tierra. Los críticos añaden que algunos de los primeros comentaristas (sabios que explican el Corán) leyeron el versículo como ellos. Al-Tabari, un comentarista que murió en el año 923, toma las lámparas mismas como los proyectiles. Recoge que el Sucesor Qatada decía lo mismo. Un Sucesor es alguien de la generación posterior a los Compañeros, las personas que conocieron y siguieron al Profeta (ﷺ). Según esta lectura, el versículo confunde los meteoros con estrellas. Les atribuye además un propósito que nadie puede comprobar.
“Y hemos adornado, (desde antiguo), el cielo más bajo con Lámparas, y hemos hecho tales (Lámparas) (como) proyectiles para ahuyentar a los Malignos, y les hemos preparado el Castigo del Fuego Llameante.”
Explica que los meteoroides son rocas espaciales que van desde granos de polvo hasta pequeños asteroides, y que cuando entran en la atmósfera de la tierra a gran velocidad y se queman se llaman meteoros, o “estrellas fugaces”. Normalmente pueden verse varios meteoros por hora en cualquier noche despejada. Algunas lluvias de meteoros llegan cada año, o a intervalos regulares, cuando la tierra atraviesa el rastro de polvo que ha dejado un cometa; las Perseidas, cuyo máximo es hacia el 12 de agosto, son fragmentos del cometa Swift-Tuttle.
Explica que las lámparas son las estrellas, llamadas lámparas porque dan luz, y reformula el versículo: Dios hizo de las lámparas con que adornó el cielo más bajo proyectiles para los demonios, con los que se les apedrea. Luego recoge lo que dijo el Sucesor Qatada: Dios creó estas estrellas para tres cosas, como adorno del cielo más bajo, como proyectiles para los demonios y como señales para guiarse; quien lea en ellas cualquier otra cosa habla según su propia opinión, no acierta con su parte, pierde su porción y carga con aquello de lo que no tiene conocimiento.
El proyectil es una llama
Otros tres pasajes hablan de demonios y yinn que intentan oír a escondidas lo que se dice en el cielo. Los yinn son seres invisibles que Dios (﷾) hizo de fuego. Cada pasaje nombra lo que los ahuyenta: un shihab, una llama. El Corán usa la palabra una vez más, para el tizón ardiente que Moisés esperaba traer de un fuego para su familia (27:7). En 37:10 la llama persigue al demonio con un brillo penetrante. En 15:18 es brillante a la vista. En 72:8-9 los yinn dicen que encontraron el cielo lleno de guardianes y de llamas (shuhub). Dicen que ahora una llama acecha a quien escuche. Ninguno de estos pasajes dice que una estrella abandone su lugar. Dos de ellos describen una llama brillante que persigue, y ese es el aspecto que tiene un meteoro. Los críticos preguntan cómo podría una llama dañar a los yinn, a quienes, según el Corán, Dios (﷾) hizo de fuego. Pero estar hecho de algo no protege contra ello. A un hombre hecho de arcilla un ladrillo arrojado le sigue haciendo daño.
“En verdad hemos engalanado el cielo inferior con belleza (en) las estrellas,- (Para belleza) y como guardia contra todos los espíritus malignos obstinados y rebeldes, (Para que) no agucen el oído en dirección a la Asamblea Excelsa, sino que sean rechazados desde todos los lados, Repelidos, pues están bajo un castigo perpetuo, Excepto quienes arrebatan algo a hurtadillas, y estos son perseguidos por una llama de fuego, de brillo penetrante.”
“Somos Nosotros Quienes hemos dispuesto los signos zodiacales en los cielos, y los hemos hecho de hermosa apariencia para (todos) los que miran; Y (además) los hemos guardado de todo demonio maldito: Pero cualquiera que logre oír algo a hurtadillas es perseguido por una llama de fuego, brillante (a la vista).”
“‘Y escudriñamos los secretos del cielo; pero lo encontramos lleno de guardianes severos y de llamas de fuego. ‘Solíamos, en verdad, sentarnos allí en puestos (ocultos), para (robar) lo que se oía; pero quien escuche ahora encontrará una llama de fuego que lo acecha en emboscada.”
“¡He aquí! Moisés dijo a su familia: “Percibo un fuego; pronto os traeré de allí alguna noticia, o os traeré un tizón ardiente para encender nuestro combustible, para que os calentéis.”
“Él creó al hombre de arcilla sonora semejante a la cerámica, Y creó a los yinn de fuego libre de humo:”
Cómo lo leyeron los comentaristas
Ibn Kathir, un sabio del siglo XIV, y al-Qurtubi, un sabio del siglo XIII, leyeron el versículo de este modo siglos antes de la astronomía moderna. Ibn Kathir explica que las lámparas son los planetas y las estrellas fijas. Las estrellas fijas son las estrellas corrientes, que mantienen sus posiciones unas respecto de otras, a diferencia de los planetas. Dice que ese “las” se refiere a las lámparas como clase, no a esas mismas lámparas. A los demonios, dice, no se les apedrea con las estrellas del cielo, sino con llamas que están por debajo de ellas. Al-Qurtubi lee “hicimos sus llamas (shuhub) proyectiles”, con la palabra “llamas” sobreentendida, y toma su prueba de 37:10. Con esta lectura, dice, las lámparas ni desaparecen ni son arrojadas. Recoge también una segunda opinión: el “las” se refiere a las estrellas, pero la estrella misma no cae. Algo se separa de ella, sin que mengüe su luz. De dónde procede la llama es algo que estos sabios razonaron por su cuenta. Ibn Kathir dice que las llamas pueden proceder de las estrellas, y añade “Allah sabe más”. El Corán dice que el proyectil es una llama y no dice de dónde viene. Al-Tabari explica la llama de 37:10 como brillante y ardiente. Recoge lo que dijo al-Suddi, un comentarista antiguo: una llama que quema al demonio cuando se le apedrea con ella.
Explica que las lámparas son los planetas y las estrellas fijas situados en el cielo más bajo. Dice que “las hemos hecho proyectiles” se refiere a las lámparas como clase, no a las lámparas mismas, porque a los demonios no se les apedrea con las estrellas que están en el cielo, sino con llamas fugaces que están por debajo de ellas, las cuales pueden proceder de ellas; y Allah sabe más.
Explica que las lámparas son las estrellas, llamadas lámparas porque dan luz. Lee “las hicimos proyectiles para los demonios” como “hicimos sus llamas (shuhub) proyectiles”, con la palabra “llamas” sobreentendida, y da como prueba 37:10, donde el que escucha a escondidas es perseguido por una llama penetrante; con esta lectura, dice, las lámparas ni desaparecen ni son arrojadas. Recoge también una segunda opinión, que Abu Ali dio a alguien que le preguntó cómo pueden ser las estrellas un adorno si son proyectiles que no perduran: “las” se refiere a las lámparas, pero la estrella misma no cae; algo se separa de ella y es arrojado, sin que mengüen su luz ni su forma. Cita además a al-Qushayri, que, frente a la respuesta de Abu Ali, consideraba mejor decir que las estrellas son un adorno antes de que con ellas se apedree a los demonios.
Explica que el shihab thaqib que persigue al que escucha a escondidas es una llama brillante y ardiente, y dice que los intérpretes dijeron lo mismo. Entre los relatos que recoge, al-Suddi dice que es una llama brillante que quema al demonio cuando se le apedrea con ella, e Ibn Zayd, que thaqib significa encendido, como cuando alguien dice “enciende tu fuego”.
Llamas cercanas, estrellas lejanas
Al-Qurtubi recoge también cómo dos sabios anteriores, al-Naqqash y Makki (sabios del Corán de los siglos X y XI), distinguieron los proyectiles de las estrellas. Las “estrellas” con que se apedrea son las que la gente ve precipitarse. Su movimiento puede verse porque están cerca de nosotros. El movimiento de las estrellas que siguen su curso no se ve. Añade que las estrellas fijas sí se mueven, pero su movimiento no se ve porque están muy lejos. Recoge también las dos explicaciones de los sabios sobre una estrella que se precipita. Puede ser tal como se ve, y convertirse en fuego cuando alcanza al demonio. O puede que al demonio se le apedree con una llama de fuego del aire, que a nosotros nos parece una estrella que viaja de noche. Así que estos sabios situaron los proyectiles cerca de la tierra y las estrellas mucho más allá.
Dice que las estrellas con que se apedrea son las que la gente ve precipitarse, y cita a al-Naqqash y a Makki: no son las estrellas que siguen su curso en el cielo, porque el movimiento de estas no puede verse, mientras que el movimiento de aquellas con que se apedrea sí puede verse, porque están cerca de nosotros. Añade que las llamas no están entre las estrellas fijas, ya que su movimiento se ve, mientras que las estrellas fijas se mueven pero su movimiento no se ve a causa de su distancia. Explica thaqib como brillante.
Explica que un shihab es una estrella brillante (kawkab), llamada así porque su destello es como el fuego, y dice que en la lengua un shihab es un fuego ardiente. Recoge que los sabios dan dos explicaciones de las estrellas que vemos precipitarse: pueden ser tal como parecen y convertirse en fuego cuando alcanzan al demonio, o puede que a los demonios se les apedree con una llama de fuego del aire, que a nosotros nos parece una estrella que viaja de noche.
Una estrella fugaz en el hadiz
Un hombre de los Ansar, los musulmanes de Medina que acogieron al Profeta (ﷺ), contó a Ibn Abbas lo ocurrido una noche. Ibn Abbas era un Compañero y primo del Profeta (ﷺ). Los Compañeros estaban sentados con el Profeta (ﷺ) cuando una estrella fue arrojada y resplandeció. La palabra árabe es najm, estrella, igual que en español decimos estrella fugaz. Nadie entiende con ninguna de las dos que haya caído un sol. El Profeta (ﷺ) preguntó qué solían decir de algo así antes del islam. Dijeron que solían decir: esta noche ha nacido un gran hombre, y ha muerto un gran hombre. Él les dijo que no es arrojada por la muerte ni por el nacimiento de nadie. Con ella, dijo, se apedrea a los yinn que arrebatan lo que oyen a escondidas del cielo. Dijo lo mismo del eclipse del día en que murió su propio hijo. El sol y la luna, dijo, no se eclipsan por la muerte ni por el nacimiento de nadie.
Ibn Abbas relata que un hombre de los Ansar, uno de los Compañeros del Profeta (ﷺ), le contó que una noche, mientras estaban sentados con el Profeta, una estrella fue arrojada y resplandeció. El Profeta preguntó qué solían decir antes del islam cuando se arrojaba una estrella así. Dijeron que solían decir que esa noche había nacido un gran hombre y había muerto un gran hombre. Él les dijo que no es arrojada por la muerte ni por el nacimiento de nadie. Cuando nuestro Señor decreta un asunto, los portadores del Trono Lo glorifican, luego los habitantes de cada cielo por turno, y la noticia va pasando de cielo en cielo hasta llegar al más bajo; los yinn arrebatan lo que logran oír a escondidas y lo arrojan a sus aliados, y son apedreados con la estrella. Lo que transmiten sin alterarlo es verdad, pero lo mezclan con mentiras y lo aumentan.
Al-Mughira ibn Shu'ba relata que el sol se eclipsó el día en que murió Ibrahim, el hijo del Profeta (ﷺ), y la gente dijo que se había eclipsado por la muerte de Ibrahim. El Profeta dijo que el sol y la luna no se eclipsan por la muerte ni por el nacimiento de nadie, y les dijo que rezaran e invocaran a Allah cuando vieran un eclipse.
Comentaristas que tomaron las estrellas como proyectiles
Algunos comentaristas sí tomaron las estrellas mismas como los proyectiles. Al-Tabari reformula el versículo de ese modo. También recoge lo que dijo el Sucesor Qatada: Dios (﷾) creó las estrellas como adorno, como proyectiles para los demonios y como señales. Al-Qurtubi cita también a al-Qushayri, un sabio anterior: las estrellas son un adorno antes de que con ellas se apedree a los demonios. Ninguno de ellos dice cómo se produce el apedreamiento. Al-Tabari habla como lo hace el hadiz, donde un meteoro es una estrella arrojada. Explica las llamas de 72:8 como “las estrellas con que se apedreaba a los demonios”. Las palabras de Qatada son la opinión de un Sucesor, no un dicho del Profeta (ﷺ). La lectura de un comentarista no es el versículo. La palabra que el propio Corán usa para el proyectil es llama.
Explica que las lámparas son las estrellas, llamadas lámparas porque dan luz, y reformula el versículo: Dios hizo de las lámparas con que adornó el cielo más bajo proyectiles para los demonios, con los que se les apedrea. Luego recoge lo que dijo el Sucesor Qatada: Dios creó estas estrellas para tres cosas, como adorno del cielo más bajo, como proyectiles para los demonios y como señales para guiarse; quien lea en ellas cualquier otra cosa habla según su propia opinión, no acierta con su parte, pierde su porción y carga con aquello de lo que no tiene conocimiento.
“‘Y escudriñamos los secretos del cielo; pero lo encontramos lleno de guardianes severos y de llamas de fuego. ‘Solíamos, en verdad, sentarnos allí en puestos (ocultos), para (robar) lo que se oía; pero quien escuche ahora encontrará una llama de fuego que lo acecha en emboscada.”
Explica que los shuhub de 72:8, plural de shihab, son las estrellas con que se apedreaba a los demonios, y dice que los intérpretes dijeron lo mismo. Sobre 72:9 explica que la llama al acecho es una llama de fuego apostada a la espera del que escucha.
Explica que las lámparas son las estrellas, llamadas lámparas porque dan luz. Lee “las hicimos proyectiles para los demonios” como “hicimos sus llamas (shuhub) proyectiles”, con la palabra “llamas” sobreentendida, y da como prueba 37:10, donde el que escucha a escondidas es perseguido por una llama penetrante; con esta lectura, dice, las lámparas ni desaparecen ni son arrojadas. Recoge también una segunda opinión, que Abu Ali dio a alguien que le preguntó cómo pueden ser las estrellas un adorno si son proyectiles que no perduran: “las” se refiere a las lámparas, pero la estrella misma no cae; algo se separa de ella y es arrojado, sin que mengüen su luz ni su forma. Cita además a al-Qushayri, que, frente a la respuesta de Abu Ali, consideraba mejor decir que las estrellas son un adorno antes de que con ellas se apedree a los demonios.
Ibn Abbas relata que un hombre de los Ansar, uno de los Compañeros del Profeta (ﷺ), le contó que una noche, mientras estaban sentados con el Profeta, una estrella fue arrojada y resplandeció. El Profeta preguntó qué solían decir antes del islam cuando se arrojaba una estrella así. Dijeron que solían decir que esa noche había nacido un gran hombre y había muerto un gran hombre. Él les dijo que no es arrojada por la muerte ni por el nacimiento de nadie. Cuando nuestro Señor decreta un asunto, los portadores del Trono Lo glorifican, luego los habitantes de cada cielo por turno, y la noticia va pasando de cielo en cielo hasta llegar al más bajo; los yinn arrebatan lo que logran oír a escondidas y lo arrojan a sus aliados, y son apedreados con la estrella. Lo que transmiten sin alterarlo es verdad, pero lo mezclan con mentiras y lo aumentan.
Meteoros antes del islam
Los yinn de 72:8-9 dicen que encontraron el cielo lleno de guardianes y de llamas. Dicen que quien escucha ahora se encuentra con una llama al acecho. Eso describe una guardia más fuerte, no el primer meteoro. Sahih al-Bukhari 4921 describe el mismo cambio desde el punto de vista de los yinn. El Profeta (ﷺ) había partido hacia el mercado de 'Ukaz. Para entonces a los demonios se les había cortado el acceso a las noticias del cielo, y se habían enviado llamas contra ellos. Algunos de los yinn que buscaron la causa lo encontraron dirigiendo la oración del alba, y oyeron el Corán. El hadiz del meteoro muestra que los árabes habían observado meteoros antes del islam y los interpretaban como augurios. Al-Qurtubi recoge que las primeras generaciones discreparon sobre si a los demonios se les apedreaba antes de la misión del Profeta (ﷺ). Algunos dijeron que no se arrojó ninguna estrella en los siglos entre Jesús y el Profeta (ﷺ). Al-Qurtubi considera más sólida la otra opinión, que es además la de la mayoría. A los demonios ya se les apedreaba antes, y la guardia se incrementó cuando fue enviado el Profeta (ﷺ). Eso, dice, es lo que significa “lleno”. Propone también cómo concuerdan los relatos. Antes de la misión se apedreaba a los demonios en unos momentos y desde algunos lados. Después de ella se les apedreaba desde todos los lados.
“‘Y escudriñamos los secretos del cielo; pero lo encontramos lleno de guardianes severos y de llamas de fuego. ‘Solíamos, en verdad, sentarnos allí en puestos (ocultos), para (robar) lo que se oía; pero quien escuche ahora encontrará una llama de fuego que lo acecha en emboscada.”
Ibn Abbas relata que el Profeta (ﷺ) partió con un grupo de sus Compañeros hacia el mercado de 'Ukaz. Para entonces a los demonios se les había cortado el acceso a las noticias del cielo, y se habían enviado llamas contra ellos. Los demonios volvieron y lo contaron, y se les dijo que solo algo que había ocurrido podía haberles cortado el acceso, y que buscaran por el oriente y el occidente de la tierra. Los que fueron hacia Tihama encontraron al Profeta en Nakhla, dirigiendo a sus Compañeros en la oración del alba. Escucharon el Corán y dijeron que eso era lo que les había cortado el acceso a las noticias del cielo. Entonces Dios reveló al Profeta las palabras de los yinn, al comienzo de Surat al-Jinn.
Ibn Abbas relata que un hombre de los Ansar, uno de los Compañeros del Profeta (ﷺ), le contó que una noche, mientras estaban sentados con el Profeta, una estrella fue arrojada y resplandeció. El Profeta preguntó qué solían decir antes del islam cuando se arrojaba una estrella así. Dijeron que solían decir que esa noche había nacido un gran hombre y había muerto un gran hombre. Él les dijo que no es arrojada por la muerte ni por el nacimiento de nadie. Cuando nuestro Señor decreta un asunto, los portadores del Trono Lo glorifican, luego los habitantes de cada cielo por turno, y la noticia va pasando de cielo en cielo hasta llegar al más bajo; los yinn arrebatan lo que logran oír a escondidas y lo arrojan a sus aliados, y son apedreados con la estrella. Lo que transmiten sin alterarlo es verdad, pero lo mezclan con mentiras y lo aumentan.
Recoge que las primeras generaciones discreparon sobre si a los demonios se les apedreaba antes de la misión del Profeta (ﷺ) o solo a partir de entonces. Expone la opinión de que el apedreamiento ocurría antes de ella y se incrementó con la misión: según él, esto es lo que significa “lleno” en 72:8, y es la opinión de la mayoría. La considera la opinión más sólida, por 72:8 y por el relato de Ibn Abbas según el cual los Compañeros, antes del islam, habían tomado los meteoros como señal de que había nacido o había muerto un gran hombre.
Dice que los sabios discreparon sobre si el apedreamiento fue anterior a la misión del Profeta (ﷺ), o posterior a ella y a causa de ella. Propone una forma de conciliar los relatos: quienes dijeron que a los demonios no se les apedreaba con estrellas antes de la misión querían decir que no se les apedreaba de modo que se les impidiera oír. Se les apedreaba en unos momentos y no en otros, y desde unos lados y no desde otros, y “rechazados desde todos los lados” (37:8) puede apuntar a esto. Cuando fue enviado el Profeta, se incrementó la custodia del cielo, y se prepararon contra ellos llamas que antes no había, de modo que fueron ahuyentados desde todos los lados del cielo.
Por qué está custodiado el cielo
La guardia forma parte de la enseñanza del Corán sobre la revelación. Dice que los demonios no hicieron descender la revelación ni podían hacerlo. Han sido apartados lejos incluso de la posibilidad de oírla. El hadiz del meteoro describe lo que buscan los que escuchan a escondidas: noticias de lo que Dios (﷾) decreta, transmitidas de cielo en cielo. Las arrebatan y las arrojan a sus aliados, mezcladas con mentiras. En Sahih Muslim figura entre los relatos que prohíben la adivinación, que es afirmar que se conoce lo oculto. Los críticos dicen que los yinn que escuchan a escondidas proceden de las creencias de la Arabia pagana, cuyos adivinos afirmaban que los yinn les traían noticias del cielo. El Corán no respalda a los adivinos. Dice que los demonios descienden sobre toda persona mentirosa y malvada, y que la mayoría de ellos son mentirosos. Las llamas se envían contra los que intentan robar del cielo, de modo que la revelación no puede llegar a un adivino. El Corán responde a esa afirmación por boca de los propios yinn. Dicen que solían sentarse a escuchar, y que ahora una llama acecha (72:9). Así explica la afirmación de los adivinos, y pone la revelación fuera de su alcance.
“No han sido los malignos quienes han hecho descender esta (Revelación): Ni les correspondería, ni serían capaces (de producirla). En verdad, han sido apartados lejos incluso de (la posibilidad de) oírla.”
“¿Os diré, (¡oh gente!), sobre quién descienden los malignos? Descienden sobre toda persona mentirosa y malvada, (En cuyos oídos) vierten vanidades de oídas, y la mayoría de ellos son mentirosos.”
Ibn Abbas relata que un hombre de los Ansar, uno de los Compañeros del Profeta (ﷺ), le contó que una noche, mientras estaban sentados con el Profeta, una estrella fue arrojada y resplandeció. El Profeta preguntó qué solían decir antes del islam cuando se arrojaba una estrella así. Dijeron que solían decir que esa noche había nacido un gran hombre y había muerto un gran hombre. Él les dijo que no es arrojada por la muerte ni por el nacimiento de nadie. Cuando nuestro Señor decreta un asunto, los portadores del Trono Lo glorifican, luego los habitantes de cada cielo por turno, y la noticia va pasando de cielo en cielo hasta llegar al más bajo; los yinn arrebatan lo que logran oír a escondidas y lo arrojan a sus aliados, y son apedreados con la estrella. Lo que transmiten sin alterarlo es verdad, pero lo mezclan con mentiras y lo aumentan.
“‘Y escudriñamos los secretos del cielo; pero lo encontramos lleno de guardianes severos y de llamas de fuego. ‘Solíamos, en verdad, sentarnos allí en puestos (ocultos), para (robar) lo que se oía; pero quien escuche ahora encontrará una llama de fuego que lo acecha en emboscada.”
Lo que se puede comprobar y lo que no
Hay una prueba justa para lo que cualquier escritura dice sobre el cielo. Lo que puede verse y medirse puede comprobarse: una distancia, un tamaño, el orden de los planetas. Un propósito oculto, no. Los Puranas, escrituras hindúes de la capa smriti (tradición recordada), hacen muchas afirmaciones del primer tipo. El Vishnu Purana da la distancia del sol a la tierra en leguas, una medida antigua de distancia. Sitúa la luna a otra distancia igual más allá del sol. Cifras como estas pueden comprobarse con el cielo. Corán 67:5 y los versículos que lo acompañan hablan de dos cosas que cualquiera puede ver. Son las luces que adornan el cielo nocturno y las llamas que lo surcan. No dan ninguna distancia ni tamaño para ninguna de ellas, ni el orden de los planetas. Luego dicen para qué son las llamas. El Corán habla del viento del mismo modo. Dios (﷾) envía los vientos como heraldos de buenas nuevas y para llevar las naves, aunque los vientos siguen la física del aire. Una causa regular y un propósito no son rivales. Los meteoros pueden verse la mayoría de las noches despejadas, y algunas lluvias de meteoros vuelven cada año, cuando la tierra cruza el rastro de polvo que ha dejado un cometa. El Dios (﷾) que envía el viento según las leyes del aire puede enviar una llama según las leyes del polvo que cae.
“Entre Sus Signos está este: que Él envía los Vientos, como heraldos de Buenas Nuevas, dándoos a probar Su (Gracia y) Misericordia,- para que las naves naveguen (majestuosamente) por Su Mandato y para que busquéis de Su Generosidad: a fin de que seáis agradecidos.”
“El orbe solar está situado a cien mil leguas de la tierra; y el de la luna, a igual distancia del sol. A ese mismo intervalo por encima de la luna se halla la órbita de todas las constelaciones lunares. El planeta Budha (Mercurio) está doscientas mil leguas por encima de las mansiones lunares.”
Explica que los meteoroides son rocas espaciales que van desde granos de polvo hasta pequeños asteroides, y que cuando entran en la atmósfera de la tierra a gran velocidad y se queman se llaman meteoros, o “estrellas fugaces”. Normalmente pueden verse varios meteoros por hora en cualquier noche despejada. Algunas lluvias de meteoros llegan cada año, o a intervalos regulares, cuando la tierra atraviesa el rastro de polvo que ha dejado un cometa; las Perseidas, cuyo máximo es hacia el 12 de agosto, son fragmentos del cometa Swift-Tuttle.
Oculto no es lo mismo que falso
Un crítico puede llamar infalsable al propósito, lo que significa que no puede comprobarse. Lo es. También lo es toda afirmación sobre lo oculto en cualquier religión. Ejemplos son que el alma sobrevive al cuerpo, o que existen ángeles, devas (seres divinos en el hinduismo) o yinn. Infalsable no significa falso. Significa que la observación no puede zanjar la cuestión. El propio Corán dice que nadie en los cielos ni en la tierra conoce lo oculto excepto Allah (﷾). Esta página no atribuye al versículo ninguna afirmación científica. Muestra que, donde el versículo habla de lo que puede verse, no dice nada falso.
“Di: Nadie en los cielos ni en la tierra, excepto Allah, conoce lo oculto: ni pueden percibir cuándo serán resucitados (para el Juicio).”
Las objeciones, respondidas
Corán 67:5 — Surat al-Mulk (La soberanía), aleya 5
“Y hemos adornado, (desde antiguo), el cielo más bajo con Lámparas, y hemos hecho tales (Lámparas) (como) proyectiles para ahuyentar a los Malignos, y les hemos preparado el Castigo del Fuego Llameante.”
Por qué se cita
Las estrellas son soles, mucho más allá de la tierra, y no pueden arrojarse contra nada. Un versículo que convierte las estrellas en proyectiles simplemente se equivoca.
La respuesta
El versículo dice que las lámparas adornan el cielo más bajo y que Dios (﷾) las hizo proyectiles. Nunca dice que una estrella abandone el cielo. Los versículos paralelos nombran lo que persigue al demonio: una llama, “de brillo penetrante” en 37:10. Ibn Kathir dice que a los demonios no se les apedrea con las estrellas del cielo, sino con llamas que están por debajo de ellas. Al-Qurtubi dice que con su lectura las lámparas ni desaparecen ni son arrojadas.
Conclusión — Los proyectiles del Corán son llamas en el cielo más bajo. Ningún versículo sobre la custodia del cielo dice que una estrella abandone el cielo.
Corán 67:5 — Surat al-Mulk (La soberanía), aleya 5
“Y hemos adornado, (desde antiguo), el cielo más bajo con Lámparas, y hemos hecho tales (Lámparas) (como) proyectiles para ahuyentar a los Malignos, y les hemos preparado el Castigo del Fuego Llameante.”
Por qué se cita
En árabe, el “las” de “las hicimos proyectiles” remite a las lámparas, así que las estrellas mismas son los proyectiles. Algunos de los primeros comentaristas lo leyeron así.
La respuesta
Ibn Kathir responde a esto directamente: el pronombre se refiere a las lámparas como clase, no a esas mismas lámparas. A los demonios, dice, no se les apedrea con las estrellas del cielo. Al-Qurtubi lee “hicimos sus llamas (shuhub) proyectiles”, con la palabra “llamas” sobreentendida, y toma su prueba de 37:10. Recoge también una segunda opinión, que refiere el “las” a las estrellas pero dice que la estrella misma no cae. Algo se separa de ella y es arrojado. Algunos sí lo leyeron como el crítico. Al-Qurtubi cita a uno de ellos, al-Qushayri: las estrellas son un adorno antes de que con ellas se apedree a los demonios. Pero la lectura de un comentarista no es el versículo. Los propios versículos paralelos del Corán dicen qué es lo que se arroja: una llama.
Conclusión — Se lea como se lea el pronombre, los versículos paralelos del Corán nombran el proyectil, y es una llama, no una estrella que abandona el cielo.
Tafsir al-Tabari, sobre 67:5
Explica que las lámparas son las estrellas, llamadas lámparas porque dan luz, y reformula el versículo: Dios hizo de las lámparas con que adornó el cielo más bajo proyectiles para los demonios, con los que se les apedrea. Luego recoge lo que dijo el Sucesor Qatada: Dios creó estas estrellas para tres cosas, como adorno del cielo más bajo, como proyectiles para los demonios y como señales para guiarse; quien lea en ellas cualquier otra cosa habla según su propia opinión, no acierta con su parte, pierde su porción y carga con aquello de lo que no tiene conocimiento.
Por qué se cita
Rujum significa cosas arrojadas. Al-Tabari, uno de los primeros comentaristas, lee el versículo como si convirtiera en proyectiles las lámparas que adornan el cielo más bajo. Recoge lo que dijo el Sucesor Qatada: Dios creó las estrellas como adorno, como proyectiles para los demonios y como señales para guiarse. Al-Bukhari cita también las palabras de Qatada, en el encabezamiento de un capítulo de su Sahih. Así que las estrellas mismas son los proyectiles, y la lectura “llamas” llegó más tarde.
La respuesta
Al-Tabari y Qatada reformulan las propias palabras del Corán, y ninguno de los dos dice cómo se produce el apedreamiento. Al-Tabari habla como lo hace el hadiz, donde un meteoro es una estrella arrojada. Explica las llamas (shuhub) de 72:8 como “las estrellas con que se apedreaba a los demonios”, y la llama de 37:10 como brillante y ardiente. Las palabras de Qatada son la opinión de un Sucesor. En al-Bukhari figuran en el encabezamiento de un capítulo, sin ningún hadiz del Profeta (ﷺ) debajo. Y la llama no es una idea posterior. Es la palabra que el propio Corán usa para el proyectil en 15:18, 37:10 y 72:8-9.
Conclusión — Al-Tabari y Qatada reformulan las palabras del Corán sin decir cómo se produce el apedreamiento. La palabra que el propio Corán usa para el proyectil es llama.
NASA, “Meteors and Meteorites: Facts”
Explica que los meteoroides son rocas espaciales que van desde granos de polvo hasta pequeños asteroides, y que cuando entran en la atmósfera de la tierra a gran velocidad y se queman se llaman meteoros, o “estrellas fugaces”. Normalmente pueden verse varios meteoros por hora en cualquier noche despejada. Algunas lluvias de meteoros llegan cada año, o a intervalos regulares, cuando la tierra atraviesa el rastro de polvo que ha dejado un cometa; las Perseidas, cuyo máximo es hacia el 12 de agosto, son fragmentos del cometa Swift-Tuttle.
Por qué se cita
Un meteoro es un grano de polvo o una pequeña roca del espacio que se quema en el aire de la tierra. Es un suceso natural, no un arma dirigida contra demonios.
La respuesta
El Corán no niega de qué está hecho un meteoro. Dice que el proyectil es una llama, y eso es exactamente un meteoro a la vista: un trazo de fuego que cruza el cielo más bajo. Lo que el Corán añade es para qué lo usa Dios (﷾). Saber cómo ocurre algo no demuestra que no tenga propósito. El Corán dice que Dios (﷾) envía los vientos como heraldos de buenas nuevas, aunque siguen la física del aire.
Conclusión — La ciencia dice qué es un meteoro; el Corán dice para qué es. Las dos cosas no chocan.
NASA, “Meteors and Meteorites: Facts”
Explica que los meteoroides son rocas espaciales que van desde granos de polvo hasta pequeños asteroides, y que cuando entran en la atmósfera de la tierra a gran velocidad y se queman se llaman meteoros, o “estrellas fugaces”. Normalmente pueden verse varios meteoros por hora en cualquier noche despejada. Algunas lluvias de meteoros llegan cada año, o a intervalos regulares, cuando la tierra atraviesa el rastro de polvo que ha dejado un cometa; las Perseidas, cuyo máximo es hacia el 12 de agosto, son fragmentos del cometa Swift-Tuttle.
Por qué se cita
Las lluvias de meteoros llegan las mismas noches cada año, cuando la tierra cruza el polvo que ha dejado atrás un cometa. Algo tan regular no va dirigido contra nadie.
La respuesta
El Corán da propósitos a los sucesos más regulares de la naturaleza. Dice que Dios (﷾) envía los vientos como heraldos de buenas nuevas y para llevar las naves. Una causa regular y un propósito no son rivales. Tampoco el Corán ni el hadiz hacen de los meteoros señales sobre las personas de la tierra. El Profeta (ﷺ) rechazó precisamente esa idea: dijo que no son arrojados por la muerte ni por el nacimiento de nadie. El único blanco que nombran es el que escucha a escondidas en lo oculto.
Conclusión — Una ley regular de la naturaleza y un propósito dado por su Hacedor van juntos en el Corán, como van juntos en el caso del viento.
Corán 37:6-10 — Surat al-Saffat (Los Alineados en Filas), aleyas 6-10
“En verdad hemos engalanado el cielo inferior con belleza (en) las estrellas,- (Para belleza) y como guardia contra todos los espíritus malignos obstinados y rebeldes, (Para que) no agucen el oído en dirección a la Asamblea Excelsa, sino que sean rechazados desde todos los lados, Repelidos, pues están bajo un castigo perpetuo, Excepto quienes arrebatan algo a hurtadillas, y estos son perseguidos por una llama de fuego, de brillo penetrante.”
Por qué se cita
Que los demonios escuchen a escondidas lo que se dice en el cielo no se puede observar ni comprobar. Una afirmación que no se puede comprobar no vale nada.
La respuesta
No se puede comprobar. Tampoco puede comprobarse ninguna afirmación sobre lo oculto en ninguna religión: que el alma sobrevive al cuerpo, o que existen ángeles, devas o yinn. Eso no hace falsas tales afirmaciones. Significa que la observación no puede zanjarlas. Esta página no atribuye al versículo ninguna afirmación científica. Muestra que, donde el versículo habla de lo que puede verse, no dice nada falso.
Conclusión — Donde el versículo habla de lo que puede verse, no dice nada falso. Su propósito pertenece a lo oculto, que según el Corán solo Allah (﷾) conoce.
Corán 37:6-10 — Surat al-Saffat (Los Alineados en Filas), aleyas 6-10
“En verdad hemos engalanado el cielo inferior con belleza (en) las estrellas,- (Para belleza) y como guardia contra todos los espíritus malignos obstinados y rebeldes, (Para que) no agucen el oído en dirección a la Asamblea Excelsa, sino que sean rechazados desde todos los lados, Repelidos, pues están bajo un castigo perpetuo, Excepto quienes arrebatan algo a hurtadillas, y estos son perseguidos por una llama de fuego, de brillo penetrante.”
Por qué se cita
Los críticos preguntan por qué un Dios omnisciente hablaría de los meteoros como proyectiles contra demonios. Dicen que es una creencia de la Arabia pagana, donde los adivinos afirmaban que los yinn les traían noticias del cielo.
La respuesta
Los adivinos afirmaban recibir noticias del cielo a través de los yinn, y la gente interpretaba los meteoros como augurios del nacimiento o la muerte de un gran hombre. El Corán y el Profeta (ﷺ) responden a ambas cosas. Los propios yinn dicen que solían escuchar, y que ahora una llama acecha (72:9). La revelación está custodiada, y a los demonios se les mantiene lejos incluso de la posibilidad de oírla. El Corán dice que descienden sobre toda persona mentirosa y malvada, y que la mayoría de ellos son mentirosos. Nadie sino Allah (﷾) conoce lo oculto. El Profeta (ﷺ) dijo a sus Compañeros que un meteoro no es arrojado por la muerte ni por el nacimiento de nadie. En Sahih Muslim ese hadiz figura entre los relatos que prohíben la adivinación.
Conclusión — Los versículos no respaldan a los adivinos: ponen la revelación fuera del alcance de los demonios y llaman mentirosos a aquellos sobre quienes descienden los demonios. El Profeta (ﷺ) usó un meteoro para acabar con un antiguo augurio.
Corán 72:8-9 — Surat al-Jinn (Los yinn), aleyas 8-9
“‘Y escudriñamos los secretos del cielo; pero lo encontramos lleno de guardianes severos y de llamas de fuego. ‘Solíamos, en verdad, sentarnos allí en puestos (ocultos), para (robar) lo que se oía; pero quien escuche ahora encontrará una llama de fuego que lo acecha en emboscada.”
Por qué se cita
Los yinn dicen que antes escuchaban y que ahora se encuentran con llamas, como si los meteoros hubieran empezado con el Profeta (ﷺ). Sahih al-Bukhari 4921 dice que en su época se enviaron llamas contra los demonios. Relatos antiguos dicen que antes no se arrojaba ninguna estrella. Pero caían meteoros mucho antes de él.
La respuesta
El versículo dice que los yinn encontraron el cielo lleno de guardianes y de llamas, y que quien escucha ahora se encuentra con una llama al acecho. Eso es una guardia más fuerte, no el primer meteoro. Sahih al-Bukhari 4921 cuenta el mismo cambio desde el punto de vista de los yinn. Se les había cortado el acceso a las noticias del cielo, y se habían enviado llamas contra ellos, así que buscaron qué había ocurrido. Ninguno de los dos textos dice que antes no hubiera caído ningún meteoro. Los Compañeros dijeron al Profeta (ﷺ) que antes del islam habían tomado los meteoros como señales del nacimiento o la muerte de un gran hombre. Los relatos antiguos según los cuales antes no se arrojaba ninguna estrella no son ni el Corán ni las palabras del Profeta (ﷺ). Al-Qurtubi considera más sólida la opinión, que es además la de la mayoría, de que a los demonios ya se les apedreaba antes de la misión. Propone que entonces se les apedreaba en unos momentos y desde algunos lados, y después de ella desde todos los lados.
Conclusión — El Corán habla de una guardia reforzada con la misión del Profeta (ﷺ), no de meteoros que empezaran entonces.
Corán 55:14-15 — Surat al-Rahman (El Compasivo), aleyas 14-15
“Él creó al hombre de arcilla sonora semejante a la cerámica, Y creó a los yinn de fuego libre de humo:”
Por qué se cita
Los críticos dicen que el Corán hace a los yinn de fuego, así que una llama no podría dañarlos.
La respuesta
El Corán dice que el hombre fue hecho de arcilla y los yinn de fuego. Eso dice de qué fue hecho cada uno; no es una promesa de que nada pueda dañarlo. A un hombre hecho de arcilla un ladrillo arrojado le sigue haciendo daño. Y el propio 67:5 dice que el Castigo del Fuego Llameante está preparado para los demonios.
Conclusión — Estar hechos de fuego no pone a los yinn a salvo del fuego. Estar hecho de arcilla no pone a un hombre a salvo de un ladrillo.
Perspectivas
La lectura del crítico
Corán 67:5 convierte las lámparas del cielo, las estrellas, en proyectiles contra los demonios. Las estrellas son soles lejanos que no pueden arrojarse. Una estrella fugaz no es más que un grano de polvo o de roca que se quema en el aire. Así que, dicen los críticos, el versículo confunde los meteoros con estrellas.
Corán 67:5 dice que Dios adornó el cielo más bajo con lámparas y las hizo proyectiles contra los demonios.
Refutación
El versículo sí dice esto. Pero nunca dice que una estrella abandone el cielo. Los versículos paralelos nombran el proyectil, una llama, e Ibn Kathir lee ese “las” como lámparas de esa clase, no esas mismas lámparas.
Ibn Kathir explica que las lámparas de 67:5 son los planetas y las estrellas fijas.
Refutación
Es cierto. El mismo Ibn Kathir dice que a los demonios no se les apedrea con las estrellas del cielo, sino con llamas que están por debajo de ellas. Para él, “las” significa lámparas como clase, no esas mismas lámparas.
Al-Tabari entiende que las lámparas que adornan el cielo más bajo son los proyectiles. Y recoge las palabras de Qatada: las estrellas fueron creadas como adorno, como proyectiles y como señales.
Refutación
Algunos sí lo leyeron así, pero ninguno dice cómo se produce el apedreamiento. Como el hadiz, al-Tabari llama a las llamas de 72:8 “las estrellas con que se apedreaba a los demonios”, igual que un meteoro es una estrella arrojada. Las palabras de Qatada son la opinión de un Sucesor, y la palabra que el propio Corán usa para el proyectil es llama.
Una estrella fugaz es un meteoro. Es un meteoroide, un grano de polvo o una pequeña roca del espacio, que se quema en la atmósfera de la tierra.
Refutación
Eso es cierto, y el Corán no lo niega. Dice que el proyectil es una llama, y a la vista un meteoro es un trazo de fuego en el cielo. Saber cómo ocurre algo no demuestra que no tenga propósito, como en el caso de los vientos.
Por tanto, el versículo confunde los meteoros con estrellas y les da un propósito sacado del mito.
Refutación
El versículo nunca dice que una estrella abandone el cielo. Y la palabra que el propio Corán usa para el proyectil es llama. El Corán responde a los adivinos por boca de los propios yinn: una vez escucharon, y ahora una llama acecha (72:9). Dice que los demonios descienden sobre los mentirosos. Y el Profeta (ﷺ) dijo que un meteoro no es arrojado por la muerte ni por el nacimiento de nadie.
La perspectiva islámica
Corán 67:5 describe lo que cualquiera puede ver: luces que adornan el cielo nocturno y llamas que lo surcan. Sus proyectiles son esas llamas. Un hadiz auténtico las llama estrellas arrojadas, igual que en español las llamamos estrellas fugaces. Las estrellas mismas no son arrojadas, como explican Ibn Kathir y al-Qurtubi. El propósito que da el versículo pertenece a lo oculto, que ninguna observación puede poner a prueba. Los versículos enseñan que el cielo está custodiado, y que a los demonios se les mantiene lejos de oír la revelación. Y el Profeta (ﷺ) usó un meteoro para corregir un antiguo augurio: no es arrojado por la muerte ni por el nacimiento de nadie.
Corán 67:5 dice que Dios (﷾) adornó el cielo más bajo con lámparas, y las hizo proyectiles. No dice que ninguna lámpara abandone el cielo.
El Corán da el nombre de shihab, una llama, a lo que ahuyenta a los demonios que escuchan a escondidas. Usa la misma palabra para un tizón ardiente tomado de un fuego.
Ibn Kathir dice que a los demonios no se les apedrea con las estrellas del cielo, sino con llamas que están por debajo de ellas.
Al-Qurtubi entiende que los proyectiles son las llamas de las lámparas. Dice que con esta lectura las lámparas ni desaparecen ni son arrojadas.
Al-Qurtubi recoge que las estrellas con que se apedrea están cerca y se las ve moverse. Las estrellas que siguen su curso están lejos, así que su movimiento no se ve.
En Sahih Muslim, un Compañero describe un meteoro como una estrella arrojada. El Profeta (ﷺ) dice que no es arrojada por la muerte ni por el nacimiento de nadie. Y dice que con ella se apedrea a los yinn que escuchan a escondidas en el cielo.
El versículo no da ninguna distancia ni tamaño para las luces del cielo, ni el orden de los planetas.
El Corán da propósitos a sucesos regulares de la naturaleza. Por ejemplo, dice que Dios (﷾) envía los vientos como heraldos de buenas nuevas y para llevar las naves.
Una causa natural regular no descarta un propósito. Y ninguna observación puede demostrar ni refutar el propósito que dan estos versículos.
Corán 72:8 dice que el cielo se encontró lleno de guardianes y de llamas. Al-Qurtubi lo explica como una guardia que se incrementó cuando fue enviado el Profeta (ﷺ). Y considera más sólida la opinión de que a los demonios se les apedreaba también antes.
El Corán enseña que el cielo está custodiado, para que los demonios no puedan escuchar a la Asamblea Excelsa. Enseña que se les mantiene lejos de oír la revelación. Y enseña que nadie sino Allah (﷾) conoce lo oculto.